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Jaques Ellul y la inexistente neutralidad de la Tecnología

noviembre 1, 2009

Algunas implicancias culturales de los juegos de rol online

septiembre 13, 2009

fflores_wow

Para ser sincera, jamás he tenido contacto con gente que participe en juegos digitales del tipo MMORPG’s (Massive Multiplayer Online Role Playing Games). No obstante, siempre me ha llamado la atención la importancia crucial que se le otorga a juegos como World of Warcraft (WoW), incluso como para vanagloriarse y poner su nivel de juego en el currículum laboral o, en su caso, político. ¿Qué clase de mérito puede significar encerrarse horas para pasar etapas en estos juegos? ¿Qué significado implica ser un eximio jugador de WoW para una comunidad? Solo como pequeñas pistas para seguir desentrañando este tipo de reputados juegos, hago un listado con algunos hechos que me han parecido interesantes:

  • Al parecer, hay un valor educativo en la construcción de decisiones de un jugador en su recorrido del juego, sobre todo porque no se juega contra la predictibilidad de las decisiones de un computador, sino que con la de otros individuos. Aquella libertad que permite el “ambiente virtual” de este tipo de juegos, haría que se puedan entrenar ciertas destrezas como el trabajo en equipo, su sociabilización, su identidad, etc., las que se supone, se podrían reflejar luego en “el mundo real”.
  • Tanto es así, que no han sido pocos los intentos metodológicos de usar este tipo de herramientas digitales como motores de ciertos cambios en aspectos sociales relevantes. Es, por ejemplo, el caso del trabajo de Amy Bruckman del MIT y los cambios de género que muchas veces hacen los participantes en las realidades sociales de los MUDs (Multi-User Dungeons): “Gender swapping is one example of ways in which network technology can impact not just work practice but also culture and values”.
  • Como Scott Rettberg ha dicho, los MMORPG’s como WoW tienen un popular impacto en las empresas que los han adaptado, pues a través de ellos, los empleados (ahora jugadores) aprenden no solo destrezas, sino valores ideológicos a través del juego, del espectáculo: (WoW) “World of Warcraft players are both participating in the globalized economy as consumers and learning how to efficiently operate within it as “players” and good corporate citizens” (p.25).
  • Aquí, por cierto, vale la pena detenerse. Escudriñar el relato del juego, el poder en el discurso, es mucho más sabroso que lo que terminaría provocando el juego sobre un individuo o comunidad. Porque analizar el relato de WoW permite saber que los afanes del juego -muchas veces educacionales- están teñidos también por estructuras de poder determinadas, en este caso por el capitalismo, donde el jugador que mejor se adapta a ellas, que no se rebela, que acata las reglas de un juego que traspasa las pantallas de un computador, es premiado. Así, con este contexto más amplio, uno se puede imaginar más claramente no solo los méritos que podrían significar de una persona el tener una mejor posición dentro de un juego como WoW, sino ciertos tipos de relaciones de este individuo con la sociedad.

No se trata de desechar las bondades de los MMORPG’s, pero tampoco  se debe pretender ignorar u ocultar las estructuras de poder que los relatos marcan, o que los participantes fuerzan. Es importante preguntarse si estos juegos permiten actitudes fuera de la norma como la rebeldía y el desacato a reglas injustas o superadas culturalmente; o si el “otro” tiene espacio para un desarrollo libre; entre otras tantas instancias lejanas o molestas al relato dominante.

Con todo, MMORPG’s que permitan -aún de forma involutaria- pliegues o saltos en sus relatos donde se cuele lo discontinuo del absoluto hegemónico, pueden ser herramientas muy interesantes para provocar ciertas alertas sociales. En esto, el trabajo recién referido sobre los cambios de género de Bruckman puede resultar interesante para poner en la práctica la crítica de Butler, pues podría masificar la percepción de que el sexo biológico, la identidad de sexo y la conducta de sexo no son, necesariamente, un continuo sin contradicciones.

Espero más adelante poder reseñar el trabajo de Amy Bruckman y seguir, de a poco, sumergiéndome en los MMORPG’s.

Beatriz Preciado y la industria porno en internet

agosto 25, 2009
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Hay que leer a Preciado, que desde sus tecnologías del género, ilumina nuevas formas de pensar internet, incluso como formas de prótesis digitales. Buscando más, me encontré con sus siguientes palabras:

La industria pornográfica es hoy el gran motor impulsor de la economía informática: existen más de un millón y medio de webs adultas accesibles desde cualquier punto del planeta. De los 16.000 millones de dólares anuales de beneficios de la industria del sexo, una buena parte proviene de los portales porno de Internet. Cada día, 350 nuevos portales porno abren sus puertas virtuales a un número exponencialmente creciente de usuarios. Si es cierto que los portales porno siguen estando en su mayoría bajo el dominio de multinacionales (Playboy, Hotvideo, Dorcel, Hustler, etcétera), el mercado emergente del porno en Internet surge de los portales amateurs. El modelo del emisor único se ve desplazado en 1996 con la iniciativa de Jennifer Kaye Ringley, que instala varias webcams en su espacio doméstico y transmite en tiempo real un registro de su vida cotidiana a un portal de Internet. Las JenniCams producen en estilo documental una crónica audiovisual de sus vidas sexuales y cobran suscripciones semejantes a las de un canal televisivo (entre 10 y 20 euros mensuales). Por el momento, cualquier usuario de Internet que posee un cuerpo, un ordenador, una cámara de vídeo o una webcam, una conexión de Internet y una cuenta bancaria puede crear su propia página porno y acceder al mercado de la industria del sexo. Se trata de la entrada del cuerpo autopornográfico como nueva fuerza de la economía mundial. El resultado del reciente acceso de poblaciones relativamente pauperizadas del planeta (tras la caída del muro de Berlín, los primeros en acceder a este mercado fueron los trabajadores sexuales del antiguo bloque soviético; después, los de China, África y la India) a los medios técnicos de producción de ciberpornografía, provocando por primera vez una ruptura del monopolio que hasta ahora detentaban las grandes multinacionales porno. Frente a esta autonomización del trabajador sexual, las multinacionales porno se alían progresivamente con compañías publicitarias esperando atraer a sus cibervisitantes a través del acceso gratuito a sus páginas.

La industria del sexo no es únicamente el mercado más rentable de Internet, sino que es el modelo de rentabilidad máxima del mercado cibernético en su conjunto (sólo comparable a la especulación financiera): inversión mínima, venta directa del producto en tiempo real, de forma única, produciendo la satisfacción inmediata del consumidor en y a través de la visita al portal. Cualquier otro portal de Internet se modela y se organiza de acuerdo con esta lógica masturbatoria de consumo pornográfico. Si los analistas comerciales que dirigen Google o Ebay siguen con atención las fluctuaciones del mercado ciberporno, es porque saben que la industria de la pornografía provee un modelo económico de la evolución del mercado cibernético en su conjunto.

Hay que leer a Preciado. Probablemente una de las lecturas en español más entretenidas que he tenido en largo tiempo.

Néstor García Canclini y la Sociedad del Conocimiento

agosto 22, 2009

Uno de los autores que más influyó mi generación fue, sin duda, Néstor García Canclini. Esto porque, con sus nociones de culturas híbridas e interculturalidad, al fin encontrábamos explicaciones teóricas de nosotros como latinoamericanos, sin adaptar descripciones venidas del primer mundo. Leerlo nuevamente en una entrevista a Chasqui -otra revista muy influyente por sus problematizaciones de este lado del continente- me ha resultado no solo muy interesante, sino emocionante.

No vale la pena transcribir la larga entrevista acá. Les dejo el link con el consejo de que ojalá puedan leer en su totalidad las declaraciones de Canclini. Pasa desde la modernidad, por internet, la autoría, literatura y una infinidad de temas muy interesantes. Acá, un adelanto donde introduce dos nuevas dimensiones a la Sociedad del Conocimiento, la Desinformación y el Reconocimiento:

En Lectores, espectadores e internautas, Ud. incursiona en la cibercultura, pero ¿qué es y qué significa para América Latina la Sociedad de la información y del Conocimiento?

Primero, no sé si llamarla Sociedad de la Información o del Conocimiento. Prefiero la segunda denominación. Me parece que la idea de que estamos en una sociedad de la información refiere solo a datos, a referencias muy precisas, a registro de hechos. Sociedad del Conocimiento implica modos de conocer, de organizar el saber, de organizar los datos y las interpretaciones.

Cuando pasamos de la noción de sociedad de la información a sociedad del conocimiento, entre otras ventajas está la de no creer que poniendo computadoras en todas las escuelas y para todos los alumnos se va a saber mejor.

Los problemas del conocimiento, las decisiones epistemológicas, los modos de articular los datos y combinarlos implican procesos mucho más complejos. En una conferencia que di el año pasado en España, al conformarse la Asociación Iberoamericana de Comunicación, se me ocurrió agregarle dos fórmulas más a información y conocimiento, y pensar en qué medida también estamos en la Sociedad del Desconocimiento. Hay enormes estrategias transnacionales para fomentar la ignorancia de lo que sucede. Esto ha sido trabajado hace muchas décadas, cuando se establecieron las agendas de la selección de la información en los noticieros y las programaciones de televisión, pero ahora aparecen como estrategias mucho más elaboradas.

La guerra de Irak, la puesta en escena que se hizo en Naciones Unidas para tratar de demostrar con pruebas d que había armas de destrucción masiva, por lo tanto se justificaba la invasión, se ha repetido en muchísimos pueblos. Recuerdo lo que ocurrió en Madrid con las bombas en los trenes de cercanías, cuando el gobierno trató de convencer, primero a los directores de los medios a los que convocó y, luego, a la población española de que era un atentado de ETA; fue muy interesante en ese caso, no siempre, que los teléfonos celulares, los móviles, se usaron para crear una contrainformación que llevaron a sospechar de la información oficial y más bien daban evidencia de que había sido Al Qaeda. Pero lo que vimos ahí fue una estrategia del gobierno de Aznar, reproducida durante un día por periódicos españoles y por la tv, para generar desconocimiento.

Agrego una cuarta línea, que es lo que llamaría, a partir de Paul Ricouer, la sociedad del Reconocimiento. Cómo el conocimiento puede servir no solo para informarnos sino para reconocernos de otra manera. En una época de intensa interculturalidad este aspecto es fundamental. No es posible pensar que vamos a resolver ninguno de los problemas sociales si lo vemos en términos de Sociedad del Conocimiento. Hay ahí un gran abismo, todavía no sabemos cómo pensar el Reconocimiento; la ubicación de los procesos del saber son múltiples y no son iguales entre oriente y occidente, entre académicos y ciudadanos, en relaciones interculturales que permitan una convivencia, una cohabitación inteligente.

Este reconocimiento, alude a lo que dice Omar Rincón acerca de las nuevas sensibilidades en los medios, de los negros, de los niños, de los indígenas, es decir, una particularización de la realidad que nunca fue visible, reconocerlas y tenerlas presentes. Conocemos de manera general sobre las culturas, pero cuando estamos inmersos en ella no sabemos manejarnos y no la comprendemos ¿Esa sería la nueva forma del reconocimiento?

Hay que desarrollar esa línea de trabajo. Quizá con algunas precauciones. En primer lugar, reconozcamos que ha habido una diversificación de la oferta cultural. Ya la televisión no dice lo mismo en todos los canales. Es cierto que los canales gratuitos se parecen mucho entre sí y compiten por hacer peor lo mismo que tiene más rating… Pero si uno accede a la televisión de pago, de cable, sí podemos tener la programación diversificada, incluso de varios países e idiomas, que no dicen lo mismo que los canales nacionales.

Tengo amigos que odian la tv desde una mirada culta y solo ven canales gourmet, entonces encuentran su lugar en la televisión y así hay canales para todas las audiencia. No deja de asombrarme que hay canales que pasan las 24 horas dibujos animados manga y animé, entonces me preguntó dónde están los niños y jóvenes que no duermen. El riesgo es que esta diversificación nos lleve a una concepción parecida a la del urbanismo multiculturalista de los barrios segregados, como ocurrió en EEUU. Se creyó resolver, en el siglo pasado, el problema de la multiculturalidad al poner a chicanos en un barrio, a afros en otro, a los portorriqueños, y así, a los chinos, coreanos y eso fracasó.

No se trata solo de que tengamos canales para todos los gustos, incluso para los sectores que todavía no están representados como los indígenas, que casi nunca tienen posibilidad de manifestarse en las pantallas, sino de ver cómo trabajar en la convivencia obligada, realmente existente en todas las sociedades, que no solo son multiculturales sino interculturales. Uno de los grandes desplazamientos de agenda de las ciencias sociales ha sido pasar de la celebración de la multiculturalidad a enfrentar la interculturalidad. Tenemos que vivir en ciudades donde se hablan muchas lenguas, en donde pueden ocurrir atentados por grupos fundamentalistas  muy alejados, donde también tenemos oportunidades de informarnos y enriquecernos con culturas igualmente alejadas.

¿Cómo recuperar, con la presencia de la tecnología digital, los espacios públicos, no solo los físicos sino los virtuales?

Es una cuestión abierta y poco segura para moverse, porque lo primero que observamos es que la gran reconfiguración de los públicos que produjeron las tecnologías audiovisuales como la radio y la tv ha sido radicalizada por Internet. Hoy se recombinan múltiples pertenencias, se han debilitado las afiliaciones nacionales, las culturas, pretendidamente homogéneas y compactas de cada nación, y todos pertenecemos a varias culturas a la vez, dentro de la misma nación y por la información y el entretenimiento que recibimos de lugares alejados. La propia noción de comunidad o espacio público cambia al no ser solo territorial. Lo público no puede reducirse a la ciudad o la nación, lo público es transnacional.

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Foto Revista Chasqui.

La espectacularización del cuerpo en Internet

agosto 5, 2009

“Los blogs y las redes sociales funcionan como un mercado de la observación del otro y de redistribución de retribuciones. Cuando a uno lo ven, uno tiene que ver; cuando nos dejan un mensaje o un comentario, tendemos a hacer lo mismo”.

¿Qué pasa con el cuerpo en Internet? Confieso que nunca le había prestado mayor atención a la pregunta, aunque siendo el soporte para todas las actividades humanas, siempre se termina rozando su problematización. Luego de leer una entrevista a Paula Sibilia, al menos uno puede aproximarse  a repensar su presencia y su importancia en el entorno digital.

Una de las cosas que más me llaman la atención de la argumentación de Sibilia, es la vinculación que hace de la espectacularización del cuerpo (es cosa de ver, por ejemplo, un Fotolog de un adolescente) con la desintegración ideológica de lo público. La pérdida de lo común, la administración privada de asuntos de Estado y la relegación del individuo al espacio íntimo, son experiencias históricas documentadas por gente como Hannah Arendt y que parecieran ser rescatadas en el contexto de lo planteado por Sibilia.

Por cierto, esta desintegración no ha sido un proceso casual sino uno dirigido por intereses hegemónicos que usan otros dispositivos de poder –además del soberano o de los que usan la prohibición– para instalar discursos dominantes. La espectacularización del cuerpo hoy, en un entorno digital, es parte de un proceso histórico que va mucho antes de la invención de los ceros y unos, y que pareciera ser el llamado a ser reconocidos por los otros, en una sociedad de masas que parece separar cada vez más a los individuos.

“Foucault y Deleuze nos mostraron cómo funcionan las redes de dominación en la sociedad contemporánea. Funcionan mejor cuando no existe la obligación a hacer ciertas cosas. Esta intimación a mostrarse a uno mismo como un espectáculo o parecer joven, flaco y atractivo no es obligatoria. Nadie ata a un chico para que juegue con la consola 10 horas por día. Es una obligación sutil y mucho más eficaz. Queremos ser de determinada forma, estamos de acuerdo. Esto no funcionaría dentro de otro tipo de sociedad”.

Pero por lo que se puede desprender de esta entrevista, para Sibilia, esta exhibición del cuerpo sería más bien un vacío del contenido, una pérdida de la palabra, una banalización de lo político. Desde la tradición filosófica dominante en el Occidente, plantea que el cuerpo o su realce es más bien una superficialidad -como si no fuera él un soporte donde se escribe la historia- o un dispositivo biológico que solo nos ata a lo natural.

Sin embargo, ¿no podría ser el cuerpo una expresión política más? Desde esta perspectiva, sería interesante volver a problematizar el cuerpo y comprender cómo en él se dibujan los procesos históricos y, en esta línea, cómo Internet interfiere en él. Pero de eso ya esperamos volver a hablar en tilt!; por mientras, el trabajo de Sibilia parece ayudar en mucho.

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Foto CC BY GuilleDes

Lo digital y el género

julio 28, 2009
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Sea cual sea el resultado final de los intentos por semantizar la web -recordemos que la única máquina semántica hasta ahora es el humano-, se debe problematizar los procesos de conocimiento que hay detrás de la construcción de las tecnologías que hacen posible la web. Se debe reconocer que allí hay campos de poder que ofrecen resistencias, que inducen discursos y saberes, etc.

Por eso, más allá de las corrientes entusiastas y algo positivistas del tipo Wired Magazine -que peligrosamente hoy abundan de seguidores en Chile y que propagan recetas de éxito y modelos de vida 2.0- me pareció verdaderamente interesante la investigación que está llevando a cabo gente como Corinna Bath, la cual comprende que hay que estudiar también a quiénes deja afuera la fiebre de las redes sociales y las tecnologías afines, además del cómo y el por qué.

Asi, Bath sitúa el supuestamente “neutral” lenguaje programático de las aplicaciones de la web, como parte de un escenario histórico y cultural, lo que desde su perspectiva de género, significa un fértil campo de estudio. Finalmente, estamos hablando de cómo se produce el conocimiento:

How would you describe „gender stereotyping“ and in which ways could it influence the research in the fields of Semantic Web? Can you give examples for your approach?

Gender stereotypes can be, for instance, inscribed into knowledge-based systems by categories and classification. In their famous book “Sorting things out” Geoffrey Bowker and Susan Leigh Star point to the fact that telephone books with only husband’s name listed for married couples indicate a sexist society, while decades of activism and conflict lie behind a listing of the Gay and Lesbian Pride Parade under the annual events of a city.

In both examples societal structures are reproduced material-discursively. Though, some problems of knowledge representation become more clearly when applying an epistemological perspective. Alison Adam analyzed the well-known ontology CYC that was build to capture common sense knowledge from the 1980ies on. Her criticism focussed on the built-in assumption that we would all share a consensus reality: “…be it a professor, a waitress, a six-year old child, or even a lawyer” (Lenat and Guha 1990). She revealed that the knowing subject implicitly assumed by the system is a white, middle-class male professional.

Hence, in contrast to its own agenda CYC ignores minority views, quieter voices, and allows the dominant voice to speak for everyone, which seems highly problematic. Other studies give more evidence for the highly problematic prerequisite of computer science modelling that rests on the Cartesian epistemology. Even the modelling concepts themselves should be questioned as Cecile Crutzen suggest, since e.g. the class concept and the inheritance concept lack to represent social processes, because of limited formal expressiveness for conflict, change and fluidity. Such an ontology abstracts from human sociality, situated action and real meaning construction processes.

All these examples seem to be good starting points to reflect about semantic technologies and should be further enhanced by feminist and critical thinking. As already proved in our recent bm:bwk funded research project “Sociality with Machines” on emotional software agents and sociable robots (2004-2006) such perspectives are fruitful for technology design.

Ya habíamos hablado anteriormente en tilt! de la anécdota del buscador de Google, lo que en perspectiva de la investigación de Bath, hace todavía más sentido.

La entrevista a esta investigadora es de hace un año, pero vale la pena leerla completa.

ThruYOU

marzo 11, 2009

tyOne-way media and culture is no longer a relevant idea. What we have now is a jigsaw that can and should be continuously remade and built upon. Figuring out the legalities of all this remains something of a puzzle as well, but Kutiman’s ThruYou project alone is reason enough to update copyright laws.

Mat Masson, al reseñar ThruYOU, proyecto de mash-up de Kutiman.