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Internet: la posibilidad de un otro

diciembre 24, 2007

Hace algunas semanas, Howard Rheingold escribió una entrada en Smart Mobs llamada “Habermas blows off question about the Internet and the Public Sphere“, y que por primera vez me acercó a una declaración del mismo alemán con respecto a la web y los asuntos públicos. Como Rheingold, considero que el mejor párrafo de resumen de la posición de Habermas es el siguiente:

The Internet has certainly reactivated the grassroots of an egalitarian public of writers and readers. However, computer-mediated communication in the web can claim unequivocal democratic merits only for a special context: It can undermine the censorship of authoritarian regimes that try to control and repress public opinion. In the context of liberal regimes, the rise of millions of fragmented chat rooms across the world tend instead to lead to the fragmentation of large but politically focused mass audiences into a huge number of isolated issue publics. Within established national public spheres, the online debates of web users only promote political communication, when news groups crystallize around the focal points of the quality press, for example, national newspapers and political magazines.

Rheingold -que como pueden leer en su post está más enojado con el alemán porque no le contestó una pregunta- se encarga -y con razón- de desestimar el entendimiento de Internet del alemán como una serie de chat rooms disgregados en el espacio. Efectivamente, esa Internet es más bien una versión de los tempranos noventas que se aleja cada vez más al acercamos a la Web 2.0 ó a todos los punto y algo que vienen después. Pero aunque es un asunto fundamental saber de qué hablamos cuando hablamos de la red, me parece que la opinión de Habermas debe rescatarse en un sentido profundo en tanto, una vez más, se encarga de cuestionar si vale políticamente la pena el esfuerzo de la denomina “sabiduría de las multitudes”.

El problema de la fragmentación de las opiniones y por ende, del individuo político es, cómo no, una problemática no resuelta para un marxista que mira en perspectiva el ampliamente llamado postmodernismo. Leo allí un argumento que no puedo terminar de digerir: los nuevos grupos que aparecen en la esfera pública sólo pueden lograr cristalizar su opinión política cuando hacen uso de prensa calificada y de calidad. En otras palabras, es sólo en la institucionalización de los individuos la única llave para lograr la influencia política en el medio ambiente. Pero, ¿aún creemos en los partidos políticos?; o ¿alguien -en la lógica mercantil de supervivencia económica- cree que los diarios y revistas pueden lograr ser representativas de los nuevos grupos?

Ok. Quizás el problema sea que estas preguntas están hechas en el contexto chileno: régimen electoral binominal -las fuerzas políticas tienden al centro en tanto se excluyen del sistema los representates de los bordes-; grupos económicos que monopolizan la prensa nacional; entre otros factores que impedirían lo que Habermas denomina “situación ideal del discurso” (de esto ya había hablado en tilt! someramente acá).

Pero también es cierto que ya poco me convence la idea de que lo público se determine únicamente en la participación política real. No al menos hoy, cuando el Estado ha sido monopolizado por la elite y las salidas de los discursos externos parecen cada vez menos. Lo importante, pienso, es que hoy aparezcan y se multipliquen los nuevos grupos discursivos no importándo saber si terminan cristalizados en una institución, sino más bien como la posibilidad de constitución de identidad con un otro. Últimamente, al analizar la idea de que lo que hace insoportable a la sociedad de masas es que no hay nada que pueda unir a los individuos (Arendt, “La Condición Humana”), pienso que la esfera pública entendida como la situación ideal del discurso, está más cercana a la regulación de contenidos que a la concentración en las relaciones que unan a los sujetos. Y cuando los contenidos ya han sido monopolizados, son las relaciones las que parecen ser salidas claras al darnos, al menos, la posibilidad de un otro.

 

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Foto Lego philosophers, gracias a Helico y su licencia Creative Commons.

 

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