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Tech, música e identidad pública

septiembre 22, 2007

Una pequeña introducción: Desde siempre me ha gustado mucho la música y si hay que echarle a algo la culpa del acercamiento al mundo digital, queda bonito decir que fue, bueno, la música y la posibilidad maravillosa de conocer más autores y bandas -que de otro modo jamás escucharía en este rincón del mundo- y bajarla en cuestión de “poco” tiempo. De seguro, mi primera participación en una comunidad online debe remontarse a los años felices de Audiogalaxy.

Ahora retomamos: Con interés he leído el estupendo artículo de Sean Ebare llamado Digital music and subculture: Sharing files, sharing styles, el que es totalmente recomendable si te interesa la música. Me ha parecido especialmente interesante porque Ebare, primero, se encarga de resumirme pruebas en contra de ciertas opiniones que se repiten al hablar de la decadencia de “la cultura” (simbolizada esta vez por la industria de la música) debido al intercambio. Por ejemplo, en Ebare encuentro:

Frith and Chambers both concur — that the struggle of audiences with the cultural power of capital and the state is embodied in “the continual appropriation of pop’s technology and reproductive capacities”. According to Frith, the cassette recorder is one of the audience’s most effective “weapons” against the version of culture capital imposed on them.

En palabras simples, pues que la “crisis de la cultura” también significa emergencia de otras y la lucha en contra de instituciones que ya no representan -más bien oprimen- a ciertas comunidades. Pues si ese no es el ánimo primordial de la música, entonces sólo estamos hablando de industria. Sin negar que “adaptar” a Adorno desde la crítica marxista hasta el cut’n paste actual es un pase arriesgado, me atrevo a decir que “…la música más avanzada producida por una cultura es, a un tiempo, una crítica social y una descripción estética de la sociedad que la ha producido” (Patrick Will citado por Martín Sánchez). Para seguir con el punto, Ebare remata:

Remixing prerecorded music, and record–scratching are also oft–cited examples of public re–appropriations of popular culture, whereby impoverished youth become culturally empowered.

Segundo, Ebare tiene una teoría que me parece a lo menos alentadora en términos de unir la música y la tecnología como elementos en los que los sujetos pueden fundar su identidad y su vida pública.

Según este autor, la investigación hecha en estudios sobre la comunicación a través de la computadora (CMC) indica que la formación de relaciones online es lenta debido a las reducidas pistas que los sujetos tienen del otro (por cierto, con los perfiles que en la Web 2.0 los usuarios pueden completar, en algún sentido esta información puede quedar algo obsoleta); por otro lado, los Estudios Culturales han planteado que el valor de la música está en términos psicológicos, intrínsecamente relacionada a la identidad, diferencia y conciencia de grupo social. Así las cosas, para Ebare:

Music provides the missing sensory cues for CMC, while CMC reinforces identity in a more private environment. …What might emerge here then is some form of “enclosed public” of individuals sharing music and chat. It would not be “public” in the conventional sense of the term, bringing with it social responsibility and consequences, but it may be “public” in the sense that members of an online sharing group create the meaning and purpose of their community.

Con el estado de la sociedad de masas y las falsas identidades que puede (no siempre) forzar el consumo, me parece que es en la música (en el arte, más ampliamente) donde se ha reducido el espacio no sólo de crítica social, sino también de identidad de los sujetos ante una comunidad crítica. En otras palabras, los espacios tecnológicos musicales descritos por Ebare me parecen públicos en un sentido profundo y actual de la palabra.

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Foto gracias a la licencia Creative Commons adoptada por Atari, Gracinha & Marco.

7 comentarios leave one →
  1. septiembre 23, 2007 4:54 pm

    ¿Y por qué las identidades forzadas por el consumo habrían de ser falsas?

  2. septiembre 23, 2007 5:59 pm

    bueno, por dos cosas, principalmente. la primera, porque cuánto de nuestro consumo se basa en una decisión consciente de nuestra existencia como “ser entre los hombres”. segundo, y derivado de lo anterior, cuánto de nuestro consumo es una respuesta pública y cuánto es, verdaderamente, un acto más bien privado o social.

  3. septiembre 25, 2007 2:39 pm

    Bueno, yo diría que todo el consumo es una decisión de ‘ser entre los hombres’. No se me ocurren muchas relaciones sociales que no tengan relación con bienes. Desde amigos que compran carne y cervezas para hacer un asado y ponerse al día entre sí hasta las compras navideñas, tan usualmente criticadas, que son una forma de consumo orientado hacia los otros (son regalos).
    Que esto sea privado no lo hace falso, no en mi visión al menos. ¿No será una sobre exigencia ética esperar que todo acto de los seres humanos esté orientado a la construcción de lo público y lo común? Yo no creo que seamos tan virtuosos. Tampoco creo que el consumo sea vicioso.

    Igual me sigue encantando tu blog.
    Saludos!

  4. septiembre 25, 2007 3:44 pm

    Yo no penalizo el consumo en absoluto (eso del consumo me consume me parece demasiado lejano), pero al igual que al mercado, no hay que pedirle que haga cosas que están fuera de su alcance.

    A diferencia de tu posición, creo que en su mayoría el consumo se hace para satisfacer una necesidad privada antes que pública (que luego con eso la persona actúe socialmente, es otra cosa). Muy posmo, creo que eso nos da la falsa idea de simulación pública.

    La identidad si bien ante todo es un proceso subjetivo, sólo se construye con el otro. La pregunta es, ¿cuándo tenemos conciencia de ese otro? ¿Dónde hoy están esos espacios? No es una sobre exigencia ética. Creo firmemente que es la única manera de ser humanos. Por supuesto, uno puede tomar o dejar esa idea pero al menos hay que asegurar la diversidad de abrir los espacios para la ‘acción’ humana, tanto para el consumo.

    Saludos,

  5. septiembre 27, 2007 3:09 pm

    Yo creo que gran parte del consumo se realiza pensando en los otros. No son los otros de lo público, claro, pero son otros de todos modos. No veo falsedad.
    Yo, muy moderno, le creo a Benjamin Constant: la libertad de los modernos (en contraste con la de los antiguos) consiste, en gran medida, en la posibilidad de retirarse a disfrutar tranquilamente del espacio privado; a cultivar nuestro jardín. (que, por cierto, no excluye la importancia obvia de lo público y lo común).

  6. feña permalink
    octubre 3, 2007 11:11 pm

    no conozco a nadie que pudiera opinar sobre esto, salvo p.p.

    http://estrategia-digital-chile.blogspot.com/

  7. octubre 4, 2007 1:36 am

    jajaja. Bueno, feña, ya sospechará usted que yo, la verdad, soy una prejuiciada y a la hora de hablar de economía, de tecnócratas y del amaturismo v/s profesionalismo, creo que las decisiones políticas de este organismo no las van a sacar precisamente de los comentarios de un blog. me parece, en todo caso, una muy buena jugada publicitaria. pero cuando la web 2.0 se institucionaliza, creo, pierde toda la gracia. es cosa de ver los blogs del mercurio.

    saludos,

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