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Tags y relaciones: folksonomías públicas

julio 23, 2007

Si eres un usuario de del.icio.us o de cualquier web que permita usar tags en los recursos, tarde o temprano te encontrarás -si es que ya no lo has hecho- con el siguiente cuestionamiento: ¿Es más importante la construcción social de significados que se hacen con los tags o debemos fijarnos mejor en el uso individual que las folksonomías aportan a nuestra experiencia de navegación en la red? Leyendo sobre tags, e insistiendo en mi idea que en los sistemas folksonómicos podemos encontrar un principio público en la red, esta discusión me ha parecido importante para ordenar mis pensamientos.

Joshua Porter habla de la “lección de del.icio.us”, la que básicamente apuntaría a que este sitio nos ha enseñado a que el valor de los tags, antes de ser social, es individual puesto que la clasificación de los recursos la hace el sujeto porque le sirve de manera personal en su experiencia en la red. Digamos, entonces, que el valor social de las folksonomías sería residual:

What this means is that if we are to build networks of value, then each person on the network needs to find value for themselves before they can contribute value to the network. In the case of Del.icio.us, people find value saving their personal bookmarks first and foremost. All other usage is secondary.

No obstante lo anterior, igualmente se construyen redes sociales (antes o desde) a través de estos sistemas folksonómicos, y parece difícil comprobar dónde termina el valor personal de un tag y dónde comienza el valor social del recurso clasificado. Lo cierto es que, si bien en términos técnicos de usabilidad de la web, el que comprendamos que el valor individual de los tags debe ser considerado un fundamento, no significa que allí se agote su potencialidad cultural. El actuar de un sujeto nunca lo afecta solo individualmente.

El sujeto no es un propagandista de sí mismo; por el contrario, todo sujeto oscila entre la reconstrucción del entorno y la relación consigo mismo. Lo que indica que nunca está encerrado en sí mismo y tampoco se identifica nunca con una obra de transformación en su entorno (2006, Touraine, p. 178).

El valor de individualización de los sistemas folksonómicos hoy está puesto en que los tags no necesitan de un consenso, o al menos, no de un consenso como los que estamos acostumbrados con sistemas taxonómicos tradicionales. Ulises Mejías aclara:

If a taxonomy is defined but no one adheres to it, can it be said to exist? Folksonomies, on the other hand, do not require consensus as much as they measure the consensus already established around the use of certain words. In other words, folksonomies assume consensus without involving humans in the process.

Aquí, creo, es donde entramos a un punto muy interesante de la discusión. ¿Puede haber consenso cuando éste es basado en un tag? En otras palabras, ¿puede haber consenso cuando no hay sujetos envueltos en el proceso? Temo no mal entender el concepto de consenso, diciendo que es una condición que alrededor de él haya, a lo menos, una interacción entre dos partes racionales.

Mi apuesta es que el consenso humano existe de igual manera en los sistemas folksonómicos pues la clasificación de los recursos no se hace en la lógica tag-recurso en la que luego los sujetos deben consensuar si esa relación mediada por el contenido les acomoda, sino que las folksonomías se fundamentan en la lógica del usuario-tag-recurso, donde si bien es un individuo el que libera un tag, el consenso posterior no se basa sobre el contenido, sino que en la misma relación social usuario-tag-recurso.

En este sentido, considero que entender el tagging como un hecho individual solamente, es cegar el código a una cuestión meramente técnica. En este caso, a la usabilidad que diseñadores o programadores debieran tener en cuanta a la hora de diseñar y evaluar un software. El tagging tiene un poder público inherente no sólo porque publica nuestras clasificaciones personales ante millones de usuarios, sino que además y sin mediar si quiera conversaciones entre los sujetos, permite relacionarnos con los otros. El consenso se realiza cuando otro sujeto conoce nuestra relación con el mundo y la comparte. En otras palabras, el consenso no se relaciona con respecto al contenido: antes, se consensúa la relación con el mundo.

Esto último ¿significa que se forma una sabiduría de multitudes y no de comunidades con lazos comunes? Uf, yo ya sospecho mi respuesta. Pero claro, la dejaremos para más adelante.

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Foto, usted dígalo conmigo, gracias a la licencia creative commons de Mushon.

2 comentarios leave one →
  1. julio 24, 2007 9:33 pm

    De hecho muchas instituciones (lenguaje, mercado, etc.) nacen sin necesidad de diálogo racional, de co-presencia, de acuerdo o de comunión entre sujetos, sino que simplemente aparecen como consecuencia no anticipada de las decisiones de múltiples actores.
    Es decir, claro, las decisiones individuales tienen consecuencias sociales a veces bastante amplias en el tiempo y el espacio; no se acaban con uno mismo (si es que entendí bien el punto).

  2. julio 25, 2007 12:46 am

    hola!

    Claro. Algo tiene también de la idea que la comunicación no es una cuestión de contenidos y sí de relaciones.

    saludos.

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