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Sin comentarios

abril 14, 2007

 

Hace algunos días, dos gigantes de la web 2.0, Jimmy Wales y Tim O’Reilly, se juntaron para hacer los primeros lineamientos para llamar al orden en los debates y discusiones de los blogs. ¿Cómo? Por ejemplo, entre las recomendaciones está prohibir los comentarios anónimos o borrar aquellos que son ofensivos o amenazantes. Los que adhieren a estos principios, pueden pegar en su blog la estrella que pueden ver acá. El tema ya tiene varios adherentes. The New York Times:

The code of conduct already has some early supporters, including David Weinberger, a well-known blogger (hyperorg.com/blogger) and a fellow at the Berkman Center for Internet and Society at Harvard Law School. “The aim of the code is not to homogenize the Web, but to make clearer the informal rules that are already in place anyway,” he said.

Pero, claro, ya saltaron las voces contrarias. Con mucha sorna, Nicholas Carr, escribió en su blog que gracias a aquella estrella podrá determinar de inmediato qué blogs no leer entre tantos que están dando vueltas en el ciberespacio. También se sumó supuestamente el súper hype de Steve Jobs, quien tuvo un “cierto enfrentamiento” con el “mismísimo O’Reilly“.

Al hacer este post me tomé algo de tiempo. Jimmy Wales dista mucho de ser alguien de mi agrado (¿objetivismo?). Y leyendo los comentarios en contra de la iniciativa, me pareció muy elocuente que los autores hayan decidido graficarla con una “estrella de sheriff”, que para muchos recuerda incluso la estrella amarilla con que fueron perseguidos los judíos en la Segunda Guerra Mundial.

El seguimiento de esta discusión (y de una tarea que a primera impresión me pareció absurda) me ha llevado a pensar que, finalmente, lo que se discute es sobre la naturaleza pública de los blogs. Esto, porque los de una y otra trinchera terminan apelando a los mismos conceptos, tales como democracia o libertad de expresión. Me pregunto entonces, ¿son los blogs una herramienta de expresión del mundo público o son más bien una bitácora personal con fines meramente privados? ¿Deja de tener la calidad de “privada” una bitácora que es abierta al acceso de millones de cibernautas?

Blogs públicos o privados

Como ya hemos escrito en decenas de ocasiones en este blog, uno de los aspectos más interesantes del espacio público según Hannah Arendt es, en mi particular visión, la importancia que le da a lo público como espacio de constitución total del sujeto. El mundo común como parte de la identidad del individuo. Esto, porque es allí donde los sujetos aparecen y se legitiman ante otros.

En un contexto así, una bitácora que se muestre al mundo de la red (incluso con sus falacias, construcciones fantasiosas, etc.) es una manera de que el sujeto se construya como individuo entre otros. Ahora bien, ¿es suficiente esto para ser ciudadanos públicos?

No. Porque ascender lo privado a lo público correspondería, según la autora alemana, a “lo social” y no a lo propiamente público. Para ser ciudadanos públicos se deben tener cubiertas las necesidades del mundo privado (domésticas) para poder recién pensar libremente en los problemas públicos; es decir, a lo que corresponde a ese mundo que estaba allí antes de nosotros y que seguirá allí después que nosotros, mortales, desaparezcamos de la faz de la tierra.

¿Cuántos blogeros discuten este tipo de asuntos actualmente? O más bien, ¿cuántos están capacitados para hacerlo? Sí, es cierto, la visión de Arendt –inspirada en la Antigüedad- puede ser muy elitista si no la sabemos considerar como una metáfora dentro de la sociedad de masas.

Pero hay otro autor –a estas alturas clásico- que a pesar de tener conocidas diferencias con Arendt, termina acotando también el mundo público. Si bien no concentra este espacio al de gobierno, Habermas pretende reinstalar los valores de la Ilustración (razón y libertad) para lograr un consenso pragmático (valores, dirán los Postmodernistas, que terminan defendiendo los metarrelatos).

En este marco, para Habermas el espacio público es un escenario (no físico) que alberga a los ciudadanos para que debatan, deliberen, coincidan y actúen. Para ello, el alemán define ciertas reglas que denomina “situación ideal del discurso”:

1. Every subject with the competence to speak and act is allowed to take part in a discourse.

2a. Everyone is allowed to question any assertion whatever.

2b. Everyone is allowed to introduce any assertion whatever into the discourse.

2c. Everyone is allowed to express his attitudes, desires and needs.

3. No speaker may be prevented, by internal or external coercion, from exercising his rights as laid down in (1) and (2).

La posición de Carr (como “cara visible” del sector en contra de Wales y O’Reilly) me parece más habermasiana. Nadie puede coartar a ningún sujeto de tomar parte en un discurso. Pero, claro, Internet parece estar lejos de una situación ideal de discurso, y se acerca más a un escenario de intensas luchas de poder.

En el mundo real, y sobre todo leyendo los casos más crudos de amenazas que describe The New York Times en su artículo, ¿cuántos comentarios apelan verdaderamente a la razón y la libertad? ¿Cuántos se basan más bien en la coerción interna o externa para, en nombre de la democracia o de la libertad de expresión, imponer una posición? En definitiva, ¿cuántos blogs son verdaderamente públicos?

Colofón

Con todo, ¿podemos decir que los lineamientos de Wales y O’Reilly atentan contra la libertad de expresión? No, cuando se trata de un blog personal. No, porque en ese caso, no pretende ser ni un dispositivo social o político, y por tanto, apelaciones al discurso democrático parecen fuera de lugar. No veo ofensa alguna a la libertad de expresión cuando alguien, en su blog personal, no quiere discutir ciertos temas. Aún cuando lo vean/lean/escuchen millones de personas, no quiere decir que lo que se discuta sea un tema público.

Si por el contrario, el blog se plantea como un dispositivo social, los comentarios no publicados son parte de una censura. Pero también se podría argumentar –y no sin razón pública- que si un comentario apela a razones privadas o si es derechamente coercitivo (entre otros), puede y/o debe ser ignorado.

Todo lo que hasta aquí he escrito no quiere decir, bajo ningún punto de vista, que comparto la iniciativa de la estrella del sheriff, aunque no coincido con la apelación naturalmente democrática que hacen sus detractores. Rechazo el proyecto, simplemente porque estoy segura que dará pie a que en el futuro se creen institucionalizaciones rígidas que atenten con el conocimiento libre, ya sea público o privado.

6 comentarios leave one →
  1. fernando permalink
    abril 17, 2007 6:57 pm

    increiblemente, el otro día estaba pensando en esto mismo: si los blogs son privados o públicos. Por cierto, con menos rigor que tilt!

    pero en todo caso, ¿existe empíricamente el escenario ideal del discurso? No estoy seguro que sea necesaria su existencia, pero ciertamente internet es la mejor metáfora de una anarquía organizada. Por tanto, el blog es un espacio de orden a cargo de una persona.

    Ah, y a lo mejor le interesa esto que hace una persona que conozco: http://www.dialogicidad.cl/index.html

  2. abril 17, 2007 7:54 pm

    Hola fernando: No, no creo que exista el empíricamente aquel escenario y tampoco creo (o he terminado por creer) que mr. habermas lo idee lejos de ser una metáfora. Igualmente estoy lejos de comprender a Habermas y su idea de consenso pragmático. Me suena tremendamente falangista para venir de alguien de la escuela de francfort.

    Lo que hay que saber -algún alemán supongo que luego se va a pronunciar al respecto- es si cambia el espacio público y sus caracaterísticas cuando se trata de internet. Aunque a veces pienso incluso si vale la pena pensar que allí se produce lo público. Al menos, mientras siga siendo un espacio más bien de exclusión (desde las personas a que tienen acceso hasta que la mayoría de los contenidos que circulan son de blancos norteamericanos).

    Reviso su link right now.

  3. fernando permalink
    abril 18, 2007 6:59 pm

    dándole otra vuelta: ¿se le niega a otro la libertad de expresarse (un derecho civil) o de tomar parte en el discurso (siguiendo las condiciones ideales) cuando se le banea de un blog?

    En ningún sentido: los seres humanos nos hacemos callar y seleccionamos a nuestros interlocutores permanentemente. Y la libertad de expresión existe -formalmente- al margen de estos actos individuales.

    En fin: hay personas baneadas de otras cosas más mínimas. Obligar a alguien a aceptar comentarios en su blog -piense en comentarios como “hi, interesting blog…)- me parece todavía peor que banear a algún trol. O a un comentarista compulsivo.

  4. abril 18, 2007 8:45 pm

    Absolutamente de acuerdo.

    Igualmente, he leído harto (algunas veces lo he discutido acá en tilt!) el “supuesto peligro” que hay detrás, cuando las personas deciden dejar sólo los comentarios que reafirmen sus ideas.

    Pero por ejemplo, cuando yo dejo de lado un libro de Osho, lo quemo, y prefiero leer a Pynchon: ¿no cabería en esa categoría de aislamiento? ¿Por qué con la web es que nos asustamos tanto? ¿Cuál es el problema que tengamos, al menos, una línea editorial mental?

  5. fernando permalink
    abril 19, 2007 3:38 pm

    estimada p.p., creo que sobre esto tengo una opinión tajante: no es posible, porque la mente no puede, leerlo todo. La selección de información viene exigida por la restricción cognitiva. Ahora, los filtros de lo que leo tambien se establecen moralmente.

    El problema, como siempre, es tomar una idea política y volverla una exigencia individual. Digamos: si yo creo que la libertad de expresión o el diálogo son moralmente preferibles a la censura, eso no me obliga a leer libros que no me interesan ni me fuerza a responder los comentarios que me parecen tontos/fomes/irrelevantes.

  6. mayo 3, 2013 4:06 am

    Too much baking in the sun is not good for the skin.
    Becoming more active and getting out and about in the fresh air will do wonders for your
    complexion. You can also learn the proper application of a certain methods to speed up the healing
    process.

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