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Tags, tags y más tags: Clasificando lo común (reflexiones previas)

enero 4, 2007

Folksonomies differ from this structured taxonomy approach in significant ways. The most obvious one is that any user of the system can create tags or categories without permission from any kind of authority. Another important difference is that tags need not be arranged in any particular way. …Another difference between folksonomies and structured taxonomies that might not be so obvious is the role of human collaboration in their definition. Structured taxonomies require consensus in the form of at least two collaborating human subjects (whether this consensus is achieved democratically or hegemonically is another topic). (Ulises Mejías en Tag Literacy).

Hace algún tiempo me he dedicado a leer sobre folksonomías. Más específicamente, sobre cómo el simple hecho de poner un tag a un recurso puede ser la manifestación -más allá de un tema cognitivo y social- de un hecho público.

Ciertamente, estoy siguiendo una simple corazonada que puede llevarme al fracaso. Más de una vez lo pienso, la verdad. Pero aún no me convenzo y quizás el asunto termine siendo un artículo elaborado que supere de mejor forma estas mismas líneas confusas.

Por ahora tengo en mi cabeza varias lecturas que aún no termino y otras que aún no he hecho. Varios hechos que rondan y todavía no decantan. El primero tiene que ver con un acto simple, al parecer pedestre, pero lleno de significado y significación para nuestras vidas: El ordenamiento del mundo. Leo a Borges:

… notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo. …Cabe ir más lejos; cabe sospechar que no hay universo en el sentido orgánico, unificador, que tiene esa ambiciosa palabra. Si lo hay, falta conjeturar su propósito; falta conjeturar las palabras, las definiciones, las etimologías, las sinonimias, del secreto diccionario de Dios.

Si no sabemos lo que es el universo, ¿podremos saber si quiera qué es lo común? Por otro lado, ¿quién se encarga de clasificar lo común? ¿Qué intereses levantan esa clasificación? ¿Por qué la seguimos y de qué nos sirve? ¿Participamos en ella? ¿Vale la pena la participación o el intento por conseguirla? Finalmente, gran parte de estas preguntas se enfocan en si es Lo Común un sinónimo del consenso, aún si este último es logrado en forma libre, alienada o dominante.

A veces pienso que, en el simple hecho solitario de que un sujeto decida clasificar con un tag un recurso en Internet, está el principio de la reflexión pública. Inspirada en Arendt, creo que está en la mundanidad de nuestra existencia -en ese momento de conciencia de que la inmensidad del mundo nos supera largamente- la única semilla que nos puede llamar a construir lo común.

Al menos, cada vez que clasifico un recurso en mi del.icio.us, hago el esfuerzo de que las personas de mi network (que no conozco y que sé, son de diferentes culturas a la mía) entiendan, o más bien, encuentren. Y en ese mismo acto de decidir sobre un tag por otro, nacen todas las preguntas que más arriba hacía. Una y otra vez, ¿cómo yo, sujeto e individuo, construyo lo común?

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