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Néstor García Canclini y la Sociedad del Conocimiento

agosto 22, 2009

Uno de los autores que más influyó mi generación fue, sin duda, Néstor García Canclini. Esto porque, con sus nociones de culturas híbridas e interculturalidad, al fin encontrábamos explicaciones teóricas de nosotros como latinoamericanos, sin adaptar descripciones venidas del primer mundo. Leerlo nuevamente en una entrevista a Chasqui -otra revista muy influyente por sus problematizaciones de este lado del continente- me ha resultado no solo muy interesante, sino emocionante.

No vale la pena transcribir la larga entrevista acá. Les dejo el link con el consejo de que ojalá puedan leer en su totalidad las declaraciones de Canclini. Pasa desde la modernidad, por internet, la autoría, literatura y una infinidad de temas muy interesantes. Acá, un adelanto donde introduce dos nuevas dimensiones a la Sociedad del Conocimiento, la Desinformación y el Reconocimiento:

En Lectores, espectadores e internautas, Ud. incursiona en la cibercultura, pero ¿qué es y qué significa para América Latina la Sociedad de la información y del Conocimiento?

Primero, no sé si llamarla Sociedad de la Información o del Conocimiento. Prefiero la segunda denominación. Me parece que la idea de que estamos en una sociedad de la información refiere solo a datos, a referencias muy precisas, a registro de hechos. Sociedad del Conocimiento implica modos de conocer, de organizar el saber, de organizar los datos y las interpretaciones.

Cuando pasamos de la noción de sociedad de la información a sociedad del conocimiento, entre otras ventajas está la de no creer que poniendo computadoras en todas las escuelas y para todos los alumnos se va a saber mejor.

Los problemas del conocimiento, las decisiones epistemológicas, los modos de articular los datos y combinarlos implican procesos mucho más complejos. En una conferencia que di el año pasado en España, al conformarse la Asociación Iberoamericana de Comunicación, se me ocurrió agregarle dos fórmulas más a información y conocimiento, y pensar en qué medida también estamos en la Sociedad del Desconocimiento. Hay enormes estrategias transnacionales para fomentar la ignorancia de lo que sucede. Esto ha sido trabajado hace muchas décadas, cuando se establecieron las agendas de la selección de la información en los noticieros y las programaciones de televisión, pero ahora aparecen como estrategias mucho más elaboradas.

La guerra de Irak, la puesta en escena que se hizo en Naciones Unidas para tratar de demostrar con pruebas d que había armas de destrucción masiva, por lo tanto se justificaba la invasión, se ha repetido en muchísimos pueblos. Recuerdo lo que ocurrió en Madrid con las bombas en los trenes de cercanías, cuando el gobierno trató de convencer, primero a los directores de los medios a los que convocó y, luego, a la población española de que era un atentado de ETA; fue muy interesante en ese caso, no siempre, que los teléfonos celulares, los móviles, se usaron para crear una contrainformación que llevaron a sospechar de la información oficial y más bien daban evidencia de que había sido Al Qaeda. Pero lo que vimos ahí fue una estrategia del gobierno de Aznar, reproducida durante un día por periódicos españoles y por la tv, para generar desconocimiento.

Agrego una cuarta línea, que es lo que llamaría, a partir de Paul Ricouer, la sociedad del Reconocimiento. Cómo el conocimiento puede servir no solo para informarnos sino para reconocernos de otra manera. En una época de intensa interculturalidad este aspecto es fundamental. No es posible pensar que vamos a resolver ninguno de los problemas sociales si lo vemos en términos de Sociedad del Conocimiento. Hay ahí un gran abismo, todavía no sabemos cómo pensar el Reconocimiento; la ubicación de los procesos del saber son múltiples y no son iguales entre oriente y occidente, entre académicos y ciudadanos, en relaciones interculturales que permitan una convivencia, una cohabitación inteligente.

Este reconocimiento, alude a lo que dice Omar Rincón acerca de las nuevas sensibilidades en los medios, de los negros, de los niños, de los indígenas, es decir, una particularización de la realidad que nunca fue visible, reconocerlas y tenerlas presentes. Conocemos de manera general sobre las culturas, pero cuando estamos inmersos en ella no sabemos manejarnos y no la comprendemos ¿Esa sería la nueva forma del reconocimiento?

Hay que desarrollar esa línea de trabajo. Quizá con algunas precauciones. En primer lugar, reconozcamos que ha habido una diversificación de la oferta cultural. Ya la televisión no dice lo mismo en todos los canales. Es cierto que los canales gratuitos se parecen mucho entre sí y compiten por hacer peor lo mismo que tiene más rating… Pero si uno accede a la televisión de pago, de cable, sí podemos tener la programación diversificada, incluso de varios países e idiomas, que no dicen lo mismo que los canales nacionales.

Tengo amigos que odian la tv desde una mirada culta y solo ven canales gourmet, entonces encuentran su lugar en la televisión y así hay canales para todas las audiencia. No deja de asombrarme que hay canales que pasan las 24 horas dibujos animados manga y animé, entonces me preguntó dónde están los niños y jóvenes que no duermen. El riesgo es que esta diversificación nos lleve a una concepción parecida a la del urbanismo multiculturalista de los barrios segregados, como ocurrió en EEUU. Se creyó resolver, en el siglo pasado, el problema de la multiculturalidad al poner a chicanos en un barrio, a afros en otro, a los portorriqueños, y así, a los chinos, coreanos y eso fracasó.

No se trata solo de que tengamos canales para todos los gustos, incluso para los sectores que todavía no están representados como los indígenas, que casi nunca tienen posibilidad de manifestarse en las pantallas, sino de ver cómo trabajar en la convivencia obligada, realmente existente en todas las sociedades, que no solo son multiculturales sino interculturales. Uno de los grandes desplazamientos de agenda de las ciencias sociales ha sido pasar de la celebración de la multiculturalidad a enfrentar la interculturalidad. Tenemos que vivir en ciudades donde se hablan muchas lenguas, en donde pueden ocurrir atentados por grupos fundamentalistas  muy alejados, donde también tenemos oportunidades de informarnos y enriquecernos con culturas igualmente alejadas.

¿Cómo recuperar, con la presencia de la tecnología digital, los espacios públicos, no solo los físicos sino los virtuales?

Es una cuestión abierta y poco segura para moverse, porque lo primero que observamos es que la gran reconfiguración de los públicos que produjeron las tecnologías audiovisuales como la radio y la tv ha sido radicalizada por Internet. Hoy se recombinan múltiples pertenencias, se han debilitado las afiliaciones nacionales, las culturas, pretendidamente homogéneas y compactas de cada nación, y todos pertenecemos a varias culturas a la vez, dentro de la misma nación y por la información y el entretenimiento que recibimos de lugares alejados. La propia noción de comunidad o espacio público cambia al no ser solo territorial. Lo público no puede reducirse a la ciudad o la nación, lo público es transnacional.

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Foto Revista Chasqui.

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One Comment leave one →
  1. febrero 2, 2010 4:07 pm

    bien por canclini!

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