Algo habíamos hablado del cine digital en tilt! Ahora, y en el contexto de lo ya tratado, encuentro a Open Source Cinema, un proyecto para hacer un documental colaborativo (demonimado The Basement Tapes -acá el trailer-) que tiene como meta crear una película sobre el copyright en la era digital. Robin Good dice del proyecto:

The Basement Tapes es un documental en equipo sobre el rostro cambiante de los derechos de autor en la era digital, creado por su audiencia online a través de la posibilidad de compartir y remixar videos, con un guión online evolutivo alimentado por la tecnología wiki y el emergente nuevo modelo de medios llamado mash up.

Ok. El trabajo colaborativo del mash up ya no es sólo un tema de desarrollo de software libre, tampoco de la música. Ahora el asunto también se concentra en una obra creativa de cine. ¿Te gusta el documental? ¿Lo mejorarías? ¿Crees que puedes aportar con tus conocimientos? Bueno, según la perspectiva del creador de este proyecto, Brett Gaylor, todo lo anterior es posible. A continuación, sus propias palabras en la entrevista que le hizo flasher.com.

Acá, claro, de seguro viene el escándalo de los conservaduristas: ¿Podemos llamara a este proyecto cine? ¿Puede haber cine desde una idea trabajada colectivamente -de personas que quizás nunca se han visto- y no desde una controlada por el enclaustro de un autor? No me canso de retomar esta cita de Manovich:

Si efectivamente estamos viviendo en una cultura del remixado, ¿tiene aún sentido crear trabajos integrales si éstos de todos modos serán desmontados y convertidos en sampleos por otros? De hecho, ¿para qué ajustar concienzudamente las diferentes pistas de una película de Director o una composición de After Effects hasta que quede correcta, si el “público” le “abrirá el código” y se apropiará de cada uno de sus tracks para su propio uso con algún programa gratuito? Por supuesto, la respuesta es sí: todavía necesitamos arte. …Sin embargo, también necesitamos aceptar que para otros nuestro trabajo será simplemente un conjunto de sampleos, o quizás sólo un sampleo. Turntable (mesa de remezcla) es el software gráfico que hace esta nueva condición estética dolorosamente obvia. Nos invita a jugar con la dialéctica del sampleo y la composición, tanto de nuestros propios trabajos como de los de otros. Bienvenido al estilo Flash de remixación visual.

Ahora bien, si ya te entusiasmaste con el proyecto y alistas la cámara para participar de este proyecto, quizás sea interesante leer su manifesto. Lo resumo:

1. Copyright is theft!

Every time we copyright a work, we are robbing from the Commons We are denying others the freedom to share the ideas we have given life to. We are denying others the freedom to build on our ideas. Yes, Copyright in some sense is necessary. It is an incentive to create, to encourage “the progress of science and useful arts” . But when it is the life of the author, plus 75 years? That’s a theft of our collective heritage.

2. Music wants to be free!

On the advice of my lawyer, I must qualify the above statement. Of course artists need to profit from their work. But as my lawyer explains, over the years copyright has mutated from something that was supposed to encourage art by guaranteeing a limited profit for artists, into something that corporations use to control the supply of art, music and ideas—long after the artists have passed away. …As a result, artists are having a harder time building on art from the past.

3. Film is Fascism!

The traditional approach to creating films, especially documentary films, is flawed. A single perspective cannot hope to capture the nuance of an evolving cultural debate. Sure, Point of View is important. But “The Ecstasy of Influence”, the participatory nature of digital creativity, begs us to create media that invites input from its audience.

4. Film is Pollution!

Travelling the globe, running hours of tape, wasting resources - these are a fact of life for documentary filmmakers. This no longer needs to be the case - with digital tools and transmission, we can crowd-source our ideas with silicon instead of carbon.

Nada más que decir, salvo: OUTCH!