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Arte colaborativo y libre: ¡El conocimiento afuera!

mayo 29, 2007

Hace menos de un año atrás, el colectivo de Dinamarca llamado Superflex fue censurado por los directivos de la 27 Bienal de San Pablo. Lejos de que la causa de la censura tuviera que ver con la curatoría del arte, la decisión pasaba porque su obra, “Guaraná Power”, podría pasar a llevar derechos de autor de terceras partes. El dictamen no desanimó al colectivo y en vez de presentar el proyecto original, hizo una singular protesta artística basada en la crítica a la censura y a las leyes del copyright (Esta última expresión -Good Copy, Bad Copy, (2006), Copy Right (2006) y el dibujo XXXXXXX XXXXX, at the 27th Bienal de São Paulo (2006)- es la que pueden ver en la selección de la Bienal que está en el MAC de Santiago).

Lo de Superflex es una de las emergentes líneas artísticas que pude apreciar en la selección de la Bienal que tratan el tema del conocimiento libre como una parte fundamental del cómo vivimos juntos en sociedad. (El otro trabajo que encontré en esta ocasión fue el video documental de Francesco Jodice, donde se retratan diferentes formas de comunitarismo alejado de las instituciones más tradicionales, y del que espero hablar en tilt! más adelante, cuando encuentre más material).

Pero ¿cómo un trabajo artístico puede estar interesado en el conocimiento libre y en el replanteamiento de los derechos autorales? ¿Puede acaso un autor de su obra renunciar al principio centralizador de sentido y propiedad de su obra?

Guaraná Libre: Art Power

Empecemos hablando del proyecto Guaraná Power. Aceptando una invitación del NIFCA (Nordic Institute for Contemporary Art), Superflex hizo una pasantía en Brasil y se instaló en la cuna del fruto del guaraná, Maués. Con una cooperativa de agricultores del fruto, se unieron en una jornada de trabajo donde, a la luz de que los productores de los derivados del guaraná tienen un monopolio donde los precios irrisorios por la materia prima son imposibles de subir, se plantearon dos puntos contradictorios:

(First) In order to resist the corporate monopoly on the raw material, it was necessary to find a way to produce a secondary product that could be sold in a different market, perhaps even competing directly with the corporate brands. Second, the community has no capital and no access to manufacturing equipment or distribution mechanisms to make this possible.

Siguiendo con la línea artística de Superflex, propusieron como idea la de continuar con la producción de lo que ellos llaman bienes Supercopy. Estas “supercopias” (que se declaran así a los mismos consumidores) utilizan las estrategias del anti-marketing para hacerse conocidas. ¿La excusa? Una que no deja de ser interesante:

Superflex talk about the international profile of global brands as being a ‘raw material’ that can be exploited by such counter-economic strategies, in the same way that the raw materials and labour forces of developing countries are exploited by multinational corporations.

Así las cosas, en una nueva reunión con la cooperativa de agricultores, Superflex les presentó los prototipos de los que vendrían a ser las Supercopies inspiradas en el guaraná: Maués Bars en alusión a Mars Bars, Mauéscafé por Nescafé, y PepSim por Pepsi Cola.

Una muestra de este trabajo artístico, hecho en conjunto con una cooperativa de trabajadores, fue lo que los directivos de la 27 Bienal de San Pablo censuraron (con la excusa de que fue el departamento jurídico el que recomendó la decisión). En otras palabras, para ellos valió más las posibles (y seguras) demandas que grandes empresas harían por el uso de los derivados de su imagen comercial, por sobre el trabajo colaborativo de artistas que de manera contundente lograban responder la pregunta que animó la curatoría de la bienal: Cómo vivimos juntos.

La muestra de protesta del Superflex -la que se nos presentó acá en la selección del MAC de Santiago- en conjunto con Guaraná Power, me ha parecido paradigmática para entender lo que encierra el conocimiento libre. No sólo tienen que replantearse jurídicamente el alcance del copyright y del copyleft, sino también y más allá de un tema legislativo, hay que aprender a ver en el conocimiento libre una forma de arte donde el principio de coherencia de la obra se aleja del autor para descansar en el discurso de un colectivo más amplio.

Finalmente, no hay en el Guaraná Power ninguna autoridad por sobre la obra por parte de Superflex. Hay más bien una suerte de juego y caos (del que ya nos dio lecciones Lev Manovich en tilt!) donde la coherencia, o al menos su principio, está dado sólo en la conjunción del trabajo colaborativo y libre. Pero para un arte colaborativo y libre, creo, debe al menos liberarse el arte de los grandes dominios institucionalizados y burocráticos. Lo mejor del proyecto Superflex, entonces, es que no está en el museo ni en la galería de arte ni en la decisión del directivo: está allá afuera.

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Las fotos publicadas con licencias públicas (la primera mía (gracias a Paula Vidal) y la segunda del flickr de Guaraná Power).

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