A veces, uno se encuentra con proyectos relamente inspiradores que -la verdad- funcionan como una especie de laboratorio donde, en vez de seguir con actitudes reaccionarias, se permite la simple posibilidad de cambiar. De jugar y ver qué ocurre. Es, creo, una de las labores de los artistas. De esos que con o sin copyright siguen provocando.

Pues esta semana me encuentro entretenida con We Tell Stories: Six Authors. Six Stories. Six Weeks., proyecto lanzado por Penguin Books, una mezcla entre Alternate Reality Games (ARGs), adaptaciones clásicas de novelas y relatos exclusivos para el mundo digital. Adrian Hon, director artístico de la iniciativa, le dijo a El País:

Ha sido un reto interesante y complicado, porque los escritores no estaban muy familiarizados con el lenguaje de los videojuegos. El objetivo era relatar las historias de forma que pudieran funcionar exclusivamente en Internet, que no pudieran existir en papel. Por ello, el equipo de diseñadores y programadores trabajó con los autores desde el principio y durante todo el proceso. No se trataba de coger un relato y adaptarlo para Internet, sino de crear obras totalmente inéditas, escritas para un medio interactivo.

Yo por mientras estoy en “21 Steps” de Charles Cumming, homenaje a “The 39 Stepsde John Buchan, y que se desarrolla a través de Google Maps. Pronto espero pasar a las otras. “Hard Times“, especialmente. ¿La podré entender? Bueno, tantos libros análogos que he dejado abandonados que mi primera renuncia digital supongo que será recordada especialmente.

Ha habido poca actividad por acá, pero mucha por allá. Si les interesa el tema de los derechos de autor, el acceso al conocimiento y por cierto, la tecnología, este link también les puede ser de ayuda.

La semana pasada, junto con el periodista Felipe Ramos (encargado de Blogs de El Mercurio, Chile), fuimos invitados a dar una pequeña charla a los alumnos de periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaiso. La primera parte trataba de situar en qué estado está la esfera pública actual con la inclusión de las TIC. En ese marco, se presentaba una contexualización de cómo entender las diferentes etapas de la web. La segunda parte de la charla, hecha por Felipe Ramos, trataba sobre cómo se desenvuelve el periodismo en los blogs de un medio tradicional como El Mercurio.

La primera parte de la charla la pueden ver a continuación.

negocios web 2.o en el mundoEn la conferencia Towards a Social Science of Web 2.0, los asistentes tuvimos la oportunidad de escuchar a George Ritzer, un sociólogo estadounidense que si bien reconocía estar alejado de la teoría sobre TIC, hizo un estupendo análisis del funcionamiento del Software Social a la luz de la escuela crítica. Hoy busco los apuntes que hice de esa ocasión (y que en el caso Ismael Peña López publicó en su web), y unos meses después les encuentro total relación con las nuevas críticas que teóricos de las TIC ahora están haciendo (Nicholas Carr y Trebor Scholz mayormente) con respecto a la relación de producción y consumo en la Web 2.0.

Ritzer identificaba el Software Social como parte de la sociedad industrial donde, por cierto, todo lo que se produce envuelve al consumo. La diferencia de este nuevo estadio de la sociedad de consumo, era que el marketing había ideado el concepto de “co-creación” que envolvía de aura democrática la participación de los usuarios, pero que en definitiva ocultaba la nueva condición de los usuarios, lo que Ritzer denominó prosumers, un nuevo equilibrio entre productor y consumidor. En palabras más claras, la co-creación era el eufemismo de prosumidores, que no es más que una nueva forma de explotación social.

Ritzer se fijaba en el tiempo invertido de los colaboradores no remunerados de Wikipedia, o los miles de usuarios que alimentan sus perfiles en Facebook cada día. Con su participación y consumo crean marcas de valor que le permiten, por ejemplo al dueño de Facebook, recibir más de una tentadora oferta económica. ¿Cuánta remuneración de ese esfuerzo sustancial le llega a los usuarios? Cero. A lo que Ritzer comentaba cuán curioso le parecía la devoción de la gente a esas labores sin recibir dinero a cambio. Para este sociólogo, en este nuevo estadio del capitalismo, este último se aprovechaba de la genorocidad de los consumidores que quieren usar la Web 2.0 por diferentes razones (crear identidad, compartir con comunidades, etc.). Recuerdo que una intervención en la conferencia le replicaba a Ritzer que podían existir más motivaciones para participar en la red que solo una ganancia monetaria. El autor le contestó simplemente: si alguien no quiere ganar dinero, perfecto, pero el valor se sigue produciendo y alguien se lo va a echar al bolsillo.

Meses después de esa conferencia, me encuentro con la publicación de Trebor Scholz denominada Market Ideology and the Myths of Web 2.0, donde el autor maneja una hipótesis muy parecida a la sostenida por Ritzer:

The Web 2.0 hype drew broad media attention and financial resources to businesses that manage to profit from networked social production, amateur participation online, fan cultures, social networking, podcasting, and collective intelligence. …The Web 2.0 Ideology, however, goes far beyond the confines of these recent phenomena. …This ideology is a framing device of professional elites that define what enters the public discourse about the impact of the Internet on society.

Para Scholz, en el Sofware Social hay un aparente equilibrio entre los proveedores de estas plataformas tecnológicas y sus usuarios, pero la verdadera autoridad no es el dueño de los contenidos o de las relaciones (los usuarios de la Web 2.0) si no los dueños de “las granjas de servidores, infraestructura de nodos y cables”. Por cierto, este último asunto ¿no les suena parecido al argumento en contra de la neutralidad tecnológica del grupo de grandes proveedores de Internet concentrado en Hands Off the Internet? Al parecer, lo que dice Scholz no es nada alejado de la realidad del mercado.

Efectivamente, en este nuevo estadio del capitalismo lo que se estila en las compañías es el crowdsourcing, es decir, que en vez de hacer el outsourcing tradicional (transefrir la propiedad de un proceso de negocio a un suplidor -mal o bien- remunerado) se hace un llamado abierto a través de Internet para un indefinido grupo de personas para traspasarle parte de la propiedad del proceso, pero recibiendo poca o ninguna remuneración a cambio. Negocio perfecto.

Lo que me parece aún más interesante de la intervención de Scholz, en el contexto de lo dicho, es su preocupación por las tendencias monopólicas que se pueden encontrar en el mercado de la web 2.0.:

Social milieus like SecondLife or MySpace are provided and maintained for more and more people by an increasingly smaller number of media magnates like NewsCorp or companies like Linden Research, Inc. People like to be where other people are. …The problem is not that Web presence is monetized but that more often than not, the social contract between user and platform owner is breached through a lack of transparency such as privacy “agreements” in the small print.

Scholz reconoce en el marketing detrás de la Web 2.0, existe la ideología de hacer de todo lo digital un gran objeto de transacciones económicas. En sus palabras “communities become the brand“. En este sentido, y como ya lo he expresado en otras ocasiones en tilt!, la preocupación debe ir dirigida a la supervivencia de todos los experimentos de la web (incluidas herramientas, contenidos, etc.) para que no caigan en la fuerza concéntrica de los grandes grupos de poder económico. Son en estos discursos alternativos donde está la innovación y el futuro de la red. Al menos, un futuro integrador de realidades e identidades, más allá de la pura ganancia monetaria o de los discursos sociales dominantes:

Non–wealth–maximizing goals or unconventional, non–mainstream options are off the Web 2.0 map or they are subsumed into smooth business narratives. A serious look at these social experiments, and not–for–profit projects is needed to envision a future Web that grows out of the needs and desires of all of its occupants.

:::

Foto con CC de Paul Watson.

plagioComo algunos de ustedes deben sospechar, hace un tiempo me dedico a investigar sobre la incorporación del ciber-plagio académico en las lógicas del conocimiento de la educación actual. Por cierto, punteo importante e inicial de mis ideas están en el blog de Claudio Ruiz donde se puede ver una referencia en la contextualización del tema (desde esa base parto con la reflexión de a continuación).

El primer obstáculo para el avance de las cosas es el poco material existente que brinde perspectivas más novedosas frente al tema. Desde la teoría educativa -en la teoría literaria y artística hay mucho avance y menos posiciones reaccionarias al respecto- pareciera que las lógicas contra el plagio “analógico” se insisten en acomodar cada vez más forzosamente en la realidad educativa actual. Un buen ejemplo de ello, es el compendio sobre el asunto que hacen Rubén Comas y Jaume Sureda, aunque claramente su posición es más cercana a la satanización del plagio y la desesperación ante una plaga que no se le parece encontrar cura.

Varios puntos que se me vienen a la mente con la lectura de su artículo y que me siguen indicando que mantener una posición reaccionaria frente al tema no nos llevará a ningún lugar. Esto finalmente parece el juego del gato y el ratón:

UNO.

De esta manera, hay estudios que cifran en más de tres cuartas partes la proporción de estudiantes que al menos una vez a lo largo de su historial académico en la universidad ha plagiado parcial o totalmente un trabajo con información extraída de Internet (Bowman, 2004). Otros estudios, en cambio, no arrojan cifras tan alarmantes -aún cuando son de consideración- y lo sitúan entre el 40 y el 50 por ciento (Bowman, 2004; Hansen, 2003).

Efectivamente, hoy es más fácil el cut’n paste pues Internet le ha dado envidiables ventajas históricas a cada estudiante que tiene acceso a la red: multiplicidad de información, crecimiento exponencial de las fuentes, instantaneidad en su búsqueda, etc. Pero por sobre todo, ha permitido explicitar un hecho que en la perspectiva “analógica” nos permanecía oculto: el conocimiento se construye. Y por tanto, es un bien común. El saber, en cierto sentido, somos todos nosotros.

DOS.

Otros análisis -principalmente desde Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido- han pretendido correlacionar aspectos culturales y etnográficos en relación al plagio. …Los resultados de estos trabajos, parecen apuntar a que los estudiantes provenientes de países sur-asiáticos -Indonesia, China, Tailandia, etc.- tienden a plagiar más que los estudiantes de otros países y regiones. Una de las explicaciones que se da a este fenómeno es que los estudiantes de estos entornos tienen una concepción diferente de lo que representa el plagio y la manera de citar.

Es interesante este punto: el plagio es una consideración cultural. No se juega ninguna característica esencial del hombre cuando tratamos de replantearlo. Por ejemplo, cuando la teoría literaria problematiza la intertextualidad o el pastiche y sí, la enseña en las escuelas, prueba que no se ha muerto la literatura ni menos perseguimos como ladrones a los autores que la usan.

¡Qué linda lección tuvimos cuando aprendimos que el copyright no es una creación metafísica!

TRES.

Destaca de todas maneras un trabajo de investigación pionero en este campo (Dordoy, 2002) en donde se analizan las causas del ciber-plagio desde la óptica de los estudiantes universitarios y docentes. Según este estudio los universitarios plagian, usando Internet para ello, por:

  1. Intentar obtener mejores calificaciones y resultados académicos
  2. Pereza y mala gestión del tiempo dedicado al estudio y elaboración de trabajos
  3. Facilidad y comodidad de acceso a material vía Internet
  4. Desconocimiento de las normas básicas a seguir para la elaboración de un trabajo académico

Me llama profundamente la atención que en ninguna de estas cuatro razones planteadas se problematice la construcción del conocimiento. Pereza, comodidad, ambición, ignorancia son a mi entender razones del plagio intencional. Pero el que más bien responde a una frontera menos ramplona que aquel plagio, ese que se acerca al uso de fuentes para construir un texto lógico con inspiración más bien sintetizadora, tiene otras razones lejanas a las planteadas por el artículo de Comas y Sureda. La digitalización, el hipertexto, la Web 2.0, el FLOSS, los Creative Commons, etc., son todos fenómenos que diseccionan el saber y que de alguna u otra manera terminan influyendo en cómo conocemos. En palabras simples: atribuir el ciber-plagio a una fuente (alumno en este caso) es peder de vista que el saber es un proceso común. Pero para dimensionarlo, hay que alejarse de los dogmas cartesianos y de su consideración del aprender como propiedad privada del sujeto.

CUATRO.

A partir del trabajo que se viene desarrollando desde nuestro grupo añadiríamos un sexto elemento a tener en cuenta que tiene que ver con la brecha digital asociada a la diferencia generacional estudiante-docente que provoca el enfrentamiento entre alumnos muy hábiles en el uso de las TIC y docentes poco hábiles en el uso de las mismas. Este hecho provoca en los alumnos una sensación de confianza en no ser descubiertos por parte del profesor y aumenta su propensión al plagio (Sureda, Comas & Urbina, 2005).

[Antes, una nota: Acá ya me parece una exageración. No es necesario ser hábil en una herramienta para cortar y pegar. Solo hay que tener sentido común].

Sí, pienso que hay una brecha entre profesores y alumnos, pero no precisamente la que mencionan los autores, si no una referida a cómo concebimos Internet en nuestras vidas. Lo expresaré en un par preguntas y respuestas que el cuerpo docente pareciera tener:

  • ¿Los estudiantes pueden buscar libremente su materia en la red?: uf, qué poco control tendremos sobre lo que saben nuestros alumnos.
  • ¿Los estudiantes pueden discutir sus dudas por Internet?: uf, pero eso significa que van a hacer el trabajo entre todos y no podremos ver el avance individual…

Sostengo que la brecha está en que los profesores no saben qué significa la red, incluso en su más amplio sentido. ¿Creen que exagero con estos miedos? Hagan clic acá, y vean qué le pasó a un alumno y el grupo de estudio que tenía en Facebook.

CINCO.

Resulta evidente, de todas maneras, que detectar el plagio en un trabajo académico a simple vista -sobre todo si el alumno ha sido precavido y cuidadoso- es una tarea muy difícil dado que parece imposible controlar toda la “literatura electrónica” existente -que no cesa de aumentar día a día-.

Quiero destacar el “parece imposible” de la cita anterior. Es una expresión muy decidora del estado de la investigación con respecto al ciber-plagio. Una especie de caja negra a la que llegamos porque -aunque sería lo ideal (!!)- parece imposible cerrar internet a los estudiantes (!!). No solo se ignora la problematización del conocimiento con la incorporación de las TIC, si no que ni siquiera divisamos la posibilidad de que los profesores cambien sus métodos evaluativos. Antes, a la luz de los que leemos en este artículo, es mejor endurecer los castigos, o aumentar el estado de alerta de los profesores o seguir gastando miles de dólares en hacer software anti plagio…

Es idea mía, ¿o podríamos buscar una salida mejor? ¿Al menos una que responda a la actualidad de los tiempos?

:::

Foto con CC de Andarilho.

womenSin considerar una cuestión obvia como el acceso a las TIC, me pregunto si el software social es una verdadera herramienta para las reivindicaciones de género o si simplemente reproduce patrones offline de comportamiento. Por cierto, la idea de construcción comunitaria del conocimiento trae consigo el concepto de diversidad en las conformaciones de “voluntades de verdad” en la sociedad, pero como ya he explicitado anteriormente en tilt!, es necesario preguntarse quiénes conforman esa comunidad: hasta ahora como primera aproximación -si se revisan de dónde vienen los contenidos online- se puede hablar de blancos angloparlantes como fuente principal. Sin embargo, ¿dónde quedan las otras voces sociales?

Hay estudios sobre la Web 2.0 que logran diseccionar el tipo de participación por género en los sitios sociales. Por ejemplo, se dice que los cyberpioneros en este tipo de web son las adolescentes. The New York Times escribe:

…a study published in December by the Pew Internet & American Life Project found that among Web users ages 12 to 17, significantly more girls than boys blog (35 percent of girls compared with 20 percent of boys) and create or work on their own Web pages (32 percent of girls compared with 22 percent of boys).

Pero este patrón de comportamiento no sería nada nuevo y reflejaría simplemente una forma de ser con que las mujeres son catalogadas desde la sociedad. En el mismo artículo del New York Times, Pat Gill de la Universidad de Illinois at Urbana-Champaign, dice al respecto algo muy interesante:

From a young age they learn that they are objects, Professor Gill said, so they learn how to describe themselves. Historically, girls and women have been expected to be social, communal and skilled in decorative arts. This would be called the feminization of the Internet,” she said. Boys, she added, are generally taught “to engage in ways that aren’t confessional, that aren’t emotional.”

Efectivamente, pareciera que en el mundo online reproducimos identidades offline y que el uso de la Web 2.0 es consecuencia natural de una espectativa social sobre las mujeres. Podemos comprobar aquello cuando hacemos la distinción entre usar tecnología existente y crearla. ¿Cuántas mujeres existen en la creación de la tecnología que ellas mismas terminan empleando mayoritariamente? Shelley Powers dice:

Yet in the IT fields, our numbers are dwindling. Significantly. We all have ideas why this is occurring, but nothing concrete that we can point at and say, “There, that’s why!” It’s a true puzzle. What’s more puzzling, though, is how many in the technology field just don’t care. They don’t see that a field that is becoming increasingly only male is a problem. Is it a problem? Probably not, if only men use the gadgets, only men use the software, only men are impacted by the applications, and so on. Yet, we know that women typically use software as much or more than men. Women use the Internet, as much or more than men. Women buy and use the gadgets. What’s happening is that all the population is using an increasing number of applications that are architected, designed, developed, quality tested, and documented by only half the population. Less than half, because the tech industry lacks diversity when it comes to race, too.

Lo interesante es que -como todo lo que pueda ser comercializado- es el mercado una vez más es el que “reivindica” el género en tanto son las mujeres pioneras en la adopción de tecnología. Esto está ayudado, claro, por otras razones como la incorporación de las mujeres en el trabajo y su consecuente empoderamiento económico, su postergación de la maternidad, el liderazgo que aún mantienen como jefas de hogar una vez que tienen familia, etc. Pero estas “reivindicaciones mercantiles” sabemos, están basadas en suposiciones sociales que muchas veces ahondan en la discriminación (por ejemplo, no es extraño ver publicidades de teléfonos que se basan en que las mujeres somos buenas para conversar).

Con todo, ¿existe una mujer 2.0? Por los antecedentes, mi primera respuesta sería negativa. No obstante, no dejo de pensar en las mujeres que participan en los contenidos de la Web 2.0 y su construcción identitaria al encontrarse con “otros” en la red. ¿Existe allí un mejor desarrollo identitario que en el mundo offline? ¿Puede -un hecho tan pedestre como publicar contenidos- abrir las posibilidades de las mujeres a construirse como sujetos públicos? ¿Serán la adolescentes que hoy utilizan el software social, mujeres con más herramientas para su reivindicación pública? En definitiva, en 20 años más ¿podremos hablar de un acervo cultural femenino 2.0, uno muy superior al que nos ha costado cientos de años construir medianamente en la realidad offline?

:::

Foto con CC de Vince Brown (attilia).

En uno de mis podcast favoritos, Talking with Talis, acaba de aparecer una extensa entrevista sobre la web semántica a -nada más ni nada menos- que Tim Berners-Lee. Además del audio, también está disponible una versión escrita.

Como fino adelanto para que se animen y guarden la entrevista en su librería más cercana, me permito citar la pregunta que relaciona al software social con el desarrollo de la web semántica.

  • Do you think developers of applications like, say, Facebook and LinkedIn and the rest, are ready to embrace the Semantic Web, or do you think they think they can do it themselves?

“I think, there is two parts of that. There is whether they will need to give up the data, and whether they are willing to use the standards. You will find to start with a lot of places, like LiveJournal, for example, they expose FOAF. So standard RDF Friend of a Friend for your friend network.

If you look at MyOpera, not only do they expose a FOAF link but they allow you in your Opera profile to say, I am also this LiveJournal person. So, you can follow your links, you can follow the friend of a friend, the social network, through one site and into other.

I think, it is a very grown-up thing to realize that you are not the only social networking site. When you do that, it is like a website that all of a sudden… otherwise it is like a website which doesn’t have any links out. In the Semantic Web similarly, if you don’t have any links out, well, that’s boring.

In fact, a lot of the value of many websites is the links out.

So if you start off with one of these social networks that does have links out, then you will find out a huge amount. If you find one which doesn’t, then you will be able to explore it using common tools, if they use the FOAF standards, but I bet you’ll be limited; you will bump into the edges.

Now if you look at the social networking sites which, if you like, are traditional Web 2.0 social networking sites, they hoard this data. The business model appears to be, “We get the users to give us data and we reuse it to our benefit. We get the extra value.” When one person has typed in who it is that’s in a photo, then we can benefit. We give the other person extra benefit by being able to give them a list of photos that they are in. That’s tremendously beneficial.

That’s the power of the Semantic Web. And I think, the social networking sites, some of the ones that have become very popular have done it because captured the semantics. They haven’t just allowed you to tag something with somebody’s name, they’ve allowed you to capture the difference between somebody who took the photo and somebody who’s in the photo, so that the power of the reuse of the data has been much greater.

So, first of all, are they going to let people use the data? I think, the push now, as we’ve seen during the last year, has been unbearable pressure from users to say, “Look, I have told you who my friends are. You are the third site I’ve told who my friends are. Now, I’m going to a travel site and now I’m going to a photo site and now I’m going to a t-shirt site. Hello? You guys should all know who my friends are.” Or, “You should all know who my colleagues are. I shouldn’t have to tell you again.”

So, the users are saying, “Give me my data back. That’s my data.” That was one of the cries originally behind XML, it was a desktop application. Don’t store it in a format which I can’t reuse. So, now it’s, “Give it to me using the idea of standards. If you do that, then I can do things with it.”

Now, there are two architectures which allow you to do this. The way some of the sites are working is that you’ll go to, for example, a t-shirt site which is going to allow you to print a t-shirt or something. Or say you go to a photo site and say, “Now I want to see the photos of my friends. You don’t know who my friends are. I am going to authorize you in some way, using something like OpenAuth, to go to another site. I’ll open the gate with them, I’ll tell them that it’s OK to use the information about who my friends are.”

So, just for the purpose of printing those t-shirts or just for the purpose sharing these photographs with my friends, I’ll allow you to know who my friends are. So, we’re getting this moving of user data between different sites. Now, we’ve got the user data stored in more than one place. Obviously, refreshing is important and we’ve got dangers of inconsistency and so on, and we’ve got all this third-party authentication going on.

There’s another model, which is that I, the user, run an application in my browser, for example, or on my desktop. It could be an AJAX application. It could be an application which allows me to look at photos. But, what it does is, it pulls the photo information from many places, and I directly authenticate.

And when it pulls that information in, it pulls in all the information I rightfully have access to. It pulls my friends’ information as well from different places. So, if I’ve got social networks, or for that matter, if I’ve just got files in Web space. If I’ve got a friend-of-a-friend file, or even if I’ve got my local file on my desktop that now I can use. So, I can use my address book.

So, it now pulls all the information that I have access to about the social network, and it pulls all the information in that I have access to about photos, and then it allows me to browse the web of photographs of people using the full power of the integration of all those things. It allows me to look at photographs of friends, photographs of people that are friends of friends, but are not my friends, to see if I should be adopting them as friends and so on.

It can do all these powerful things, and it’s happening actually in the user’s browser, or it is happening on the user’s machine. Both of these systems at some point allow people sharing data. The second system is much simpler. The second system involves people writing scripts which will operate across different data sources.

Web 2.0 is a stovepipe system. It’s a set of stovepipes where each site has got its data and it’s not sharing it. What people are sometimes calling a Web 3.0 vision where you’ve got lots of different data out there on the Web and you’ve got lots of different applications, but they’re independent. A given application can use different data. An application can run on a desktop or in my browser, it’s my agent. It can access all the data, which I can use and everything’s much more seamless and much more powerful because you get this integration. The same application has access to data from all over the place. Does that make sense?”

:::

Foto con Creative Commons de hyoga.

¿Hay gente que todavía no se convence de la importancia de la neutralidad de la red? Pues quizás esta imagen al fin logre crear conciencia.

Internet sin neutralidad

La siguiente es una infografía de Le Monde que muestra las preferencias de redes sociales en el mundo. Cómo no destacar a Brasil que se acapara todo el espacio en América Latina con el súper popular Orkut. También llama la atención el nulo uso de Facebook.

Ok. ¿No viste nada? Mejor sigue el link que los franceses nos dan más abajo.

@import url(http://medias.lemonde.fr/mmpub/css/blog.css);

Ok, parece que ya está todo listo: paralelo a tilt!, he creado otro blog llamado Pedestrian Technology. ¿Su objetivo? Nada más que hacer pequeños relatos sobre tecnología y cotidianeidad.

Nos vemos allá o acá.

pedestrian-tech.jpg