ThruYOU

2009 Marzo 11
by p.p.

tyOne-way media and culture is no longer a relevant idea. What we have now is a jigsaw that can and should be continuously remade and built upon. Figuring out the legalities of all this remains something of a puzzle as well, but Kutiman’s ThruYou project alone is reason enough to update copyright laws.

Mat Masson, al reseñar ThruYOU, proyecto de mash-up de Kutiman.

Club Internet: el arte del browser

2009 Marzo 10
by p.p.

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Para los que les interesa las posibilidades creativas a través de los nuevos medios, les puede agradar conocer lo que está ocurriendo en Brooklyn, NY, con la exposición In Real Life, que reúne a artistas online independientes. Entre los expositores, está el proyecto CLUB INTERNET, iniciado por Harm van den Dorpel.

Al visitar clubinternet.org, se encontrarán con un espacio de exhibición de creaciones hechas para la Internet o nacidas de su contexto. Lo interesante es que la exposición se hace en este sitio aislando los trabajos de sus locaciones originales, las que vendrían siendo otros sitios webs, y en conjunto son mostradas en un browser muy especial que infartaría a más de algún fanático de la usabilidad.

En clubinternet.org apenas hay una delgada barra de navegación donde solo hay dos botones: Next y el título de la obra (en el que pueden hacer clic para conocer más antecedentes del artista y su trabajo). En cierto sentido, CLUB INTERNET no solo es una obra en su conjunto, sino también una especie de galería de arte reformulada: una experiencia de arte total desde el monitor de tu computadora. Un browser casi transparente, que ofrece solo las indicaciones que un catálogo haría en cualquier sala de arte.

Las exposiciones en CLUB INTERNET van cambiando. Este mes de marzo de 2009, y a propósito de In Real Life, podrán ver Reverse Engineering, un concepto que se ha adaptado muy bien al mundo digital y que es, además, una provocación constante a esa institución enquistada en algún siglo pasado, llamada derechos de autor.

Algo entretenido que apreciar para los que no estamos en Brooklyn.

El movimiento de Britannica

2009 Marzo 9
by p.p.

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En el 2008, muchos celebraron la decisión de la Britannica de abrir sus contenidos a las “colaboraciones” de sus lectores. En esta lucha de titanes entre dos contrincantes enemigos en que se han transformado los avatares de ambas enciclopedias, no fueron pocos los que levantaron el brazo triunfador de la Wikipedia: Britannica había aceptado al fin abrir sus contenidos a la masa. Pero lo cierto es que poco de ello hay.

El movimiento de Britannica es, más que epistemológico, uno comercial. Mientras Britannica recibe una media de 1,6 millones visitantes al día, Wikipedia supera los seis. En el mundo comercial de Internet, poco sentido tiene hoy no hacer más expeditos los caminos de comunicación entre las partes.

El director de Britannica,  Jorge Cauz,  fue elocuente hace algunos meses con respecto a la popularidad de la Enciclopedia abierta: “Mucha gente la usa porque toca todos los temas y es el resultado número uno en Google. Los internautas no van directamente a la Wikipedia necesariamente”.

Lo que Cauz ignora es que se supone que el famoso Google posiciona el orden de las búsquedas según los sitios que enlazan a Wikipedia. Pero, ¿por qué la gente no enlaza más Britannica? ¿Es acaso su calidad? ¿Es tal vez su usabilidad? Quizás simplemente sea porque, firme ya en su popularidad, Wikipedia justamente siga apareciendo en el primer lugar de Google. Y si Britannica quiere dar vuelta esa tendencia (comercial), entonces tendrá que tomar las medidas a su alcance para llenar las expectativas de los usuarios de Internet.

Mas, wikifans, a no cantar victoria. La decisión de Britannica dista si quiera de pensar en una wiki como web pero, por sobre todo, como sistema de construcción de contenidos. Primero que nada, la decisión de hacer más fácil a los usuarios enviar las sugerencias de contenidos y recibir atribución por eso, es para su versión on-line. Claro, si el aporte lo merece, lo harán para su versión editada. Pero además, los sistemas de jerarquía editorial continúan como siempre. Y recordemos, que en esa maquinaria, muchos premios nóbeles han o están participando. Es decir,  siendo sinceros, cualquier sugerencia de un ciudadano regular no será fácil de introducir. La Britannica Blog este mes publicó un artículo claro:

Ha! User-generated content, you say. Well, yes. But a wiki? No. Because the operative word in the paragraph above is suggest. Britannica users don’t have the ability or authority to publish the edits they propose; only Britannica editors can do that, and that’s the way it will stay.

Por lo demás, esta idea de “sugerencias”, no es un invento de las wikis y, con mayor o menor énfasis, este tipo de colaboraciones siempre han existido en Britannica.

Con todo, creo que el movimiento de Britannica es “esperanzador” en términos de construcción del conocimiento. No porque haya una colaboración en conjunto, ni menos porque haya una intención de remover un orden discursivo. Se trata de un síntoma mucho más mínimo y quizás poco conciente de la enciclopedia: la idea de hacer visible una comunidad alrededor de ella. Un hecho que va más allá de si sea una comunidad de altos profesionales o de simples aficionados, sino que indica un síntoma de conciencia de identidad de un grupo al rededor de formas de construcción de conocimiento. Esto, por arte o por parte, pone en la mesa de discusión más cotidiana cuestiones que en la invisibilidad son más fáciles de neutralizar por grupos dominantes.

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Foto CC@arwriterfotog

Comunicado

2009 Febrero 24
by p.p.

Muy a tono con el 2009, tilt! cambió de aspecto gracias, cómo no, a WordPress y a Creative Commons. Y como en este lado del globo el año realmente nunca comienza en enero, recién hoy doy por inagurada la temporada 2009 de este blog.

Más vale tarde que nunca.

Wikipedia Art y las estructuras de poder

2009 Febrero 21
by p.p.

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Este 14 de febrero, en vez de hacer actividades comercialmente cursis como celebrar “el día de los enamorados”, hubo gente que hizo cosas mucho más interesantes en la red (y no me refiero a “teorizar” sobre el amor 2.0 (!)). Ese día,  Scott Kildall y Nathaniel Stern lanzaron el proyecto artístico “Wikipedia Art”, el que consistía en publicar una entrada en la popular enciclopedia, denominándola, justamente, como “Wikipedia Art”. Al igual que todas las entradas, la idea era que  cualquiera pudiese modificar esta página, aunque para esto debieran cumplir con las reglas y normas de edición de Wikipedia.

El concepto detrás de este proyecto estaba sustentado en dos pilares: uno, hacer una instalación artística (con todo lo que ese acto implica) en un espacio (virtual) de concurrencia ciudadana que, además, carga o se autoimpone una tarea no menor: la construcción y propagación del conocimiento (al menos, de un conocimiento ligado a la cultura popular). Dos, cuestionar el cuerpo de arte en sí, a través de la misma entrada, y nuestro entendimiento y construcción de él hoy, en este contexto digital que, sabemos, traspasa culturalmente los ceros y unos.

Lo que viene unas horas después de ese minuto de lanzamiento en ese 14 de febrero, ha dado para largas y jugosas discusiones en estos días (expresadas, por ejemplo, en el boletín IDC en el que me baso en este post). Los hechos -que son algo enredados- los pueden encontrar acá, no obstante y en grandes palabras, se puede decir que la entrada tuvo tal nivel de actividad, que los mecanismos de edición de Wikipedia comenzaron a operar a tal punto, que “Wikipedia Art” fue finalmente borrado como artículo, con medidas que incluso violaban los términos públicos de la enciclopedia.

Pero, ¿qué se prueba con “Wikipedia Art” y su corta vida?

Para algunos no se prueba nada, solo que el arte se ha transformado en una cuestión de relaciones públicas (criticando incluso el logo de la entrada de este proyecto). Para otros, claro, solo se trata de “vandalismo” hacia una estructura con reglas específicas de funcionamiento, por lo que el “fracaso” del proyecto solo demuestra que las normas funcionan para entradas que se alejan del modelo. En cambio, algunos apuntarán al mismo corazón de la identidad de Wikipedia. En este sentido, Stephen Downes declara:

There is eventually going to be a power struggle on Wikipedia. This will occur because, in the process of enforcing MPOV, citations, notability, etc., Wikipedia has created a power structure. It is no longer a freely collaborative enterprise, but one now where a smallish group of people (the moderators can make decisions that over-rule the majority. This is a classic instance of a power structure, and makes Wikipedia  a tempting target for an organization large enough and self-organized enough to effect the take-over.

Evidentemente, la postura de Downes me parece muy ajustada, no obstante, como en su intervención plantea, no estoy de acuerdo con que estas estructuras de poder se hayan “tomado” Wikipedia, sino que más bien siempre han sido parte de ella. Esta polémica se ha visto en reiteradas ocasiones en la vida de esta enciclopedia, pero recuerdo una en especial, cuando la discusión de la cuestionable política del NPOV (Neutral Point of View) se instalaba allá por el 2006. En esa ocasión, escribí un artículo al respecto:

Hablar del conocimiento en la democracia liberal es hablar, de cierto modo, de un ordenamiento disfrutado por las elites y atestiguado por otros menos privilegiados. Como nos señalaría Foucault (El Orden del Discurso, 1999), es hablar de una producción del discurso que está dominada y controlada por una serie de instituciones que pretenden conjurar el peligro de su materialidad y por ende de cualquier amenaza a su dominio.

Agregar que con “Wikipedia Art” creo que se indaga en un punto muy interesante: el dinamismo o no de la enciclopedia cuando se tata de acoger discusiones que van más allá de la cultura popular y que, como “Wikipedia Art”, buscan la construcción del conocimiento a través de cuestionamientos más complejos. O al menos, diferentes.

Pero de lo anterior, claro, habría que escribir otro post.

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Foto CC@quartermane

Entrevista a Teemu Leinonen

2009 Enero 19
by p.p.

Teemu Leinonen dio una pequeña entrevista a la Universitat Oberta de Catalunya. Aunque ignoro si Leinonen o las wikis están preocupadas de encontrar lo que el entrevistador denominaría como “verdad filosófica” (creo que al menos podría discutirse mucho ese enfoque), me parece que en términos simples Leinonen resume el que a mí me parece el valor más importante de este tipo de software social.

Estos sistemas son útiles para combatir el mal comportamiento, pero aún no pueden afrontar el reto filosófico de identificar lo que es verdad.

La belleza de cualquier wiki es que se trata de un flujo de información. Es como un río: no puedes meterte en el mismo río dos veces, del mismo modo que no puedes meterte en la misma wiki dos veces. Es una entidad con vida y eso la hace muy interesante. Se trata de entender este espíritu y después utilizarlo para nuestros propósitos.

¿Cree que la Wikipedia cambiará el modo en que tradicionalmente entendemos la enseñanza?

Creo que ya lo hace ahora. Lo mejor de estas nuevas tecnologías como las wikis o los blogs no es que existan, sino que están propiciando que hablemos sobre qué es aprender. No tendríamos este tipo de debate en todo el sector educativo sin ellos.

El neoplatonismo digital

2009 Enero 12
by p.p.
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Foto CC@Flickr Wesley Fryer

Hay algo en las palabras de Fisher que parecen tener una gran verdad. Es que pareciera que en los entusiastas digitales no hay pliegues ni ambigüedades, ocultos en la defensa de un mundo sospechosamente pulcro y controlado:

Comenzamos a transcribir tan bien en lenguaje numérico los objetos del mundo real, y a reunirnos y a ligarlos tan bien en un simulacro totalizante de lo real, que le damos al simulacro más realidad que a lo real que pretende representar. La numeridad, puesto que parece más comprensible que la realidad, más inteligente que lo real, más eficaz instrumentalmente, toma más valor ontológico que el mundo real, que se reduce modestamente al nivel de un teatro de sombras.

…La numeridad, como tal, se construye entonces en un mundo coherente, que ignora los espesos y la oscuridad de lo real, y opera como brebaje y filtro  mágico. El más o menos, el casi nada, lo contradictorio, lo intermedio, los pliegues , los recovecos, las ambigüedades, los imperceptibles, los no dichos que conforman la textura de la realidad, en la numeridad solo pasan en parte, la parte que transmite allí los textos, las imágenes, los sonidos, las comunicaciones, pero que ignoran los arquitectos informáticos.

Este neoplatonismo es un idealismo, pero ya no tiene nada del purismo platónico. Aunque ese mundo matemático pretende ignorarlo, hay que subrayar que ese idealismo de la numeridad es un imaginario, y como tal, está atravesado por todos lados por las pulsiones del inconsciente. Habría que psicoanalizar o mejor dicho mitonalizar tanto las matemáticas como la alquimia, y los fantasmas de la informática. Lo virtual aparece más aún que lo real, como un ámbito de expresión de imaginario y de las lógicas del inconsciente”.

(Hervè Fisher, CiberPrometeo, p.20)

Sorpresa: ¡en Chile eres un delincuente!

2008 Octubre 9

Más antecedentes, en: Trato Justo Para Todos.

Remediación digital

2008 Octubre 5

foto CC@rocketvox_

Para partir, una obviedad: la digitalización ha cambiado radicalmente nuestra forma de entender la información, la comunicación y la cultura. Se ha sido majadero en decir que hay dos caminos para enfrentar esta situación: cerrar los ojos y pensar que las vías jurídicas serán las que protejan el status quo de los más beneficiados con la industria analógica, o comenzar a entender los medios digitales y acorde a eso ver nuevas formas creativas de desarrollarse en el ambiente digital.

En este contexto, a las recomendables lecturas del trabajo de Hervé Fisher, Andrew Feenberg, Bruno Latour o Lev Manovich, sumo otro libro que parece ser también puntal en el entendimiento la lógica de los medios digitales. Se trata de “Remediation”, de Jay David Bolter y Richard Grusin quienes, en 1999, asumían que la remediación es la acción fundamental para comprender el papel de los nuevos medios.

Remediación como la representación de un medio en otro, que oscila constantemente en un eje que, por un lado, se inclina por la hipermediación (una especie de fascinación por el medio), y por otro, por la imediación (que vendría siendo el deseo de hacer desaparecer al medio para situarnos directamente a lo representado por él).

Cuando uno analiza, por ejemplo, las interfaces del software se puede dar cuenta de cómo la remediación funciona. Por ejemplo, en el caso de un diario electrónico, podemos detectar la fascinación con todas las herramientas que el papel no le permitía usar (videos, mp3, animaciones, infografías complejas, etc.), pero a la vez, con la necesidad de usar elementos y disposiciones gráficas que nos lleven a la idea del periódico tradicional y analógico. Hipermediación e imediación al mismo tiempo.

Hypermedia, CD-ROMs and windowed applications replace one medium with another all the time, comforting the use with the problem of multiple representation and challenging her to consider why one medium might offer a more appropriate representation than other. In doing so, they are performing what we characterize as acts of remediation. (p.44).

Pero lo que me parece más relevante de este trabajo (y que va en la línea de los autores recién nombrados) es que para comprender el mundo digital es necesario entender que la tecnología es parte de nosotros como un actor social (lo que está lejos de significar determinismo tecnológico). Bolter y Grusin afirman:

The World Wide Web is not merely a software protocol is now being put: for marketing and adversiting, scholarship, personal expression, and so on. These uses are as much a part of the technology as the software itself. For this reasons, we can say that media technologies are agents in our culture without falling into the trap of technological determinism. New digital media are not external agents that come to disrupt an unsuspecting culture. They emerge from within cultural contexts, and they refashion other media, which are embedded in the same or similar contexts. (p. 20).

Entender esto no es menor. Aceptar que Internet es un medio cultural de remediación, es decir, que integra a otros y que los reformula, es clave para comprender que se trata de medios dinámicos y altamente creativos. Las lógicas de integración, ya sea en su hipermediación o en su imediación, son claves y nuestro esfuerzo se debe centrar en facilitar y no impedir ese funcionamiento pues -hacer esto último- significa renegar de una lógica medial que es mucho anterior a Internet, pero que no se apreciaba a tal escala hasta hoy.

Este esfuerzo, creo, debe ir desde el replanteamiento que tiene que hacer la educación digital cuando se aferra en el dominio de un medio por sobre otro (la escritura por sobre lo audiovisual, por ejemplo) ignorando las lógicas remediales, hasta legislaciones nacionales que permitan la remediación de los medios a través de la protección de la creatividad y su dinamismo.

No vaya a ser que -como es hoy en Chile- realizar ideas digitales en los nuevos medios se transforme en un tedioso ejercicio jurídico, dejando a la suerte de interpretaciones legislativas el surgimiento de nuevos discursos o formas creativas que ayuden no solo al desarrollo del medio, sino también del patrimonio cultural.

Propiedad intelectual, tecnología y cómo vivimos lo público

2008 Agosto 25

trato justo para todos*

Hace algún tiempo, en Chile se está viviendo una suerte de discusión en torno a la reforma de la ley de propiedad intelectual, cambios que por primera vez en la historia de esta legislación, incluyen la reforma tecnológica global  (la aparición de lo digital, básicamente). Ante estos avatares de la ley, se han conformado dos grupos muy reconocibles: (1) los que a la luz de los cambios tecnológicos creen que es necesario incorporar puntuales excepciones al régimen restrictivo del derecho de autor;  (2) y los que sostienen que estas modificaciones constituyen un atentado a la propiedad privada de los artistas (los derechos de autor).

Más allá de discutir las razones técnicas de estas dos posiciones (propósito que supera con creces el alcance de tilt!), me parece interesante reparar sobre la idea que este debate finalmente tiene relación con cómo se concibe lo público en el Chile de hoy, y por cierto, qué papel se le asigna a Internet en estos asuntos.

Lo público y la creación

Las posiciones más conservadores del derecho de autor, hoy en Chile esgrimen la idea de que las excepciones planteadas al régimen de propiedad intelectual imponen una obligación al creador de ceder los derechos una obra en ciertas circunstancias, algo que han calificado como “el comunismo de compartir”. Se plantea, en definitiva, la visión de que el patrimonio cultural no es público, sino un bien privado al que necesariamente se debe dar algo a cambio para acceder. El extremo se da en reconocer discursivamente que lo común no es nada más que comunismo. Que el compartir con un otro no debe ser una obligación, sino una regulación privada.

Pero ¿qué es el mundo común? Lo común para Hannah Arendt es el espacio compartido de un sujeto, el ser-entre-los-hombres, que está antes de nosotros y que irremediablemente permanecerá después de nuestra muerte. Por ende, el sentido común de los sujetos es pensar desde el lugar del otro. Si un individuo quiere ser sujeto público, según la filósofa alemana debe basarse en dos valores: la amistad y la solidaridad que reconocen la presencia de un otro como igual. Compartir, en ese contexto, es una acción pública y por ende necesaria.

En esos términos, para las posiciones conservadoras en el derecho de autor, lo público no sería un espacio de iguales donde se desenvuelve la identidad del sujeto en pos de reconocerse y por ende reconocer a un otro, sino que más bien se configuraría como una extensión de la esfera privada donde los otros no son reconocidos como parte de nuestro mundo. A menos, claro, que paguen. Lo publico como esfera social:

“…la emergencia de la sociedad -el auge de la administración doméstica, sus actividades, problemas y planes organizativos- desde el oscuro interior del hogar a la luz de la esfera pública…” (Arendt, La condición Humana, 1993, p.48).

Además, para Arendt aparecer en lo común (entre los individuos) supone al sujeto una autoconciencia crítica que se muestra ante el mundo a través de la acción (praxis) y la palabra (lexia). En la acción, la libertad de comenzar algo nuevo en el mundo es la clave y es lo que caracteriza a la vita activa del hombre. El hecho de que un hombre sea a la vez acción, significa que lo inesperado puede ser lo esperado de él. La creación es en el espacio público, cuando se es reconocido como par en el espacio de lo común, de la pluralidad.

Si la creación verdadera supone el mundo común, el derecho de autor como legislación no debería apuntar a proteger derechos privados sino públicos. Esto, por cierto, está lejos de implicar una supresión de los derechos de autor y su posible monetarización, sino que de volver a contextualizarlos en el escenario de la creación: la esfera pública, donde pertenecemos todos. Ésta forma de entender el régimen de propiedad intelectual apuntaría a preservar la libertad de los creadores (poder trabajar en un espacio de iguales y por ende sin coerciones) y al acceso de esa obra de todos lo que son parte de ese mundo público.

Creer que la creación es un asunto privado (como privado de lo público), que se arregla entre privados, implica que la obra se deberá adecuar a los vaivenes de las coerciones privadas. Es perder la libertad e implica entrar a la lógica de los problemas domésticos. Y es también, en su vertiente más ideológica, pensar que la creación es atribución solo de algunos y no de todos los que participan en el mundo público. Es no considerar al otro como un igual dentro de la pluralidad de identidades.

La tecnología

Internet, como una plataforma de remediación (representa otros medios en él mismo), recurre a lógicas de relaciones entre los individuos que arrastran contenidos, y se reconoce por sobre todo como un medio social. Es lo que hoy vemos representado en el fenómeno que se ha vuelto el Software Social que basa su funcionamiento en compartir: distribuir algo (un contenido) a diferentes personas con el fin de relacionarse. Como he sostenido en otras ocasiones, estos hechos permiten afirmar que al ser la red es un dispositivo de relaciones,  de-ser-entre-los-hombres, puede ser perfectamente una plataforma del espacio público. Por ende, Internet puede ser perfectamente un espacio de creación.

Asimismo, se debe considerar que Internet y los nuevos medios de comunicación digitales poseen ciertas características que permiten, entre otras cosas, cambiar la lógica industrial de masividad (numerosas copias idénticas a partir de un original) a una posindustrial que desecha la estandarización masiva por la adaptación individual de los usuarios.

Considerando Internet como plataforma digital que puede permitir el desarrollo público (y creativo también), debemos entender que nuestras relaciones establecidas y contenidos aportados serán codificados, y de manera ineludible, susceptibles a copia pues es esa lógica la que permite justamente su funcionamiento como instrumento digital.

Ahora bien, considerando estos dos aspectos de las nuevas tecnologías, la afirmación de Lessig no parece estar alejada de las posibilidades:

La tecnología del ‘capturar y compartir’ digital promete un mundo de creatividad extraordinariamente diversa que puede compartirse amplia y fácilmente. Y conforme esa creatividad sea aplicada a la democracia, permitirá que una amplia gama de ciudadanos usen la tecnología para expresarse y criticar y contribuir a la cultura que los rodee (Larry Lessig, Cultura Libre,2006, p.152).

Finalmente, decir que la creación y el acceso en el mundo público no significa necesariamente gratuidad, sino la libertad de que cada individuo haga algo extraordinario que pueda dejar para la posterioridad en este mundo que, inexorablemente, abandonará. Luchar por una legislación que recontextualice la creación y el acceso a las creaciones en lo público, no debe ser considerado una afrenta, sino un bien que aprovecharán todos los ciudadanos, incluidos artistas y creadores, de ésta y las próximas generaciones.

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Foto CC Damouns